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Sep 04 2009

Filosofía Sueca

Hasta que me casé, había vivido feliz en la completa ignorancia de lo que, para mis adentros, y haciendo gala de una gran injusticia para con los nativos de ese país, – por los que, dicho sea de paso, siento un proverbial respeto – he dado en llamar Filosofía Sueca. De soltero, cuando necesitaba una cosa, simplemente la compraba en el negocio más cercano, la primera vez que la encontraba, sin mirar cien millones de precios ni comparar cuarenta y siete negocios distintos. Una de las tantas cosas que descubrí, lleno de asombro y admiración, al casarme, es la increíble capacidad femenina de comparar mentalmente una matriz de precios, detalles minúsculos de los artículos y las tiendas en las que los venden que haría reventar al Excel, e incluso a algunas de las más potentes bases de datos relacionales. Su habilidad es tan natural que se sorprenden cuando uno se exaspera en una góndola de un hipermercado en la que hay ciento diecisiete marcas de atún, y después de mirar atentamente durante nueve minutos eligen sin vacilar la más barata, y que a su vez tiene el pitorrito de abrir la lata diferente y la fecha de vencimiento más lejana, teniendo en cuenta los domingos y festivos a partir de hoy.

Otra de las cosas que descubrí, y que a diferencia de la anterior en lugar de enriquecer mi vida la ensombreció, fue la existencia de IKEA. Como en Argentina no existe (aunque sospecho que la mayoría de mis compatriotas han oído hablar de semejante despropósito), me permitiré unas líneas para describirlo. IKEA es una conspiración internacional dirigida por Suecos, que además de usurpar sin derecho los colores de Boca, de alguna forma oscura, con prácticas que no pueden ser legales ni sanas, consiguió convencer a las mujeres del primer mundo de que la mejor relación calidad-precio para casi todo está allí. En las Uropas es una auténtica fiebre. Solamente en Barcelona existen dos, enormes, que siempre están llenos de gente que camina más lento que uno. Las tiendas IKEA son una especie de mega-almacén gigante, con la terrible y opresiva particularidad de que uno no puede deambular por ella como lo haría en un hipermercado cualquiera, sino que está condenado a hacer lo que yo llamo el caminito de la muerte, que es un sendero serpenteante y laberíntico que obliga a recorrer la tienda en una sola dirección y sentido, sin dejarse sin ver ni siquiera un puto tenedor.

Durante el recorrido por el caminito de la muerte, uno tiene que ir anotando en un papel un código críptico que indica las coordenadas donde podrá encontrar más adelante los productos que busca, correctamente embalados para su transporte. Mientras tanto, los productos pequeños e inútiles como paquetes de cien velas, farolillos, cubiertos, pelotas de gomaespuma, cajitas de cien mil tamaños diferentes, lámparas pequeñas y casi todo lo que uno pueda imaginar, están disponibles y al alcance de la mano. Como resultante de esto, cuando uno llega al final del recorrido y tiene apuntado en el papelito las coordenadas misteriosas de las dos cosas que motivaron el viaje a la tienda (una mesita Ströblem y un estante Ferömbursker, o algo así, que mi mujer sabe perfectamente), ya lleva una bolsa enorme de cosas inútiles y baratísimas que suman como mínimo ciento cincuenta euros, y que nunca hubiésemos comprado de haber podido ir directamente a buscar lo que veníamos a comprar (la mesita Ströblem y el estante Ferömbursker). Además, hemos tardado una hora y cincuenta minutos, nos han pisado catorce viejas y un número impar mayor a once de carritos nos han pasado por encima de cada pie, y eso sin contar una ingente cantidad de empujones y esperas. Cuando creemos que lo peor ya pasó, entonces hay que recoger la mercadería. El depósito parece el lugar donde guardaron el Arca Perdida de Indiana Jones. Hay estanterías de ocho metros de altura, repletas de cajas todas iguales de productos que tienen nombres indistinguibles en sueco (aunque de alguna forma fantástica las mujeres han desarrollado también la sorprendente facultad de recordar esos nombres sin ningún esfuerzo). Entonces miramos desolados el papelito que pone: pasillo 23 góndola 12 estante 3, código de producto 803.20151.154565.12. Llegamos al sitio y hay quinientas cajas iguales con números parecidos, y además, pesan entre cuarenta y ochenta kilogramos, y no hay nadie capaz de echarnos una mano ni orientarnos, porque los gurús suecos del bajo coste han decidido que para que haya precios bajos es fundamental que en una tienda de doscientos mil metros cuadrados no existan más de quince empleados, y que además lo tiene que armar el cliente.

A riesgo de una hernia cargamos las cajas de embalaje y, al llegar a la caja nos encontramos con la agradable sorpresa de que, cuanto más dinero cuesten los muebles que estamos comprando, más caro será el transporte, y por supuesto, aunque ya lo sabíamos, mayor el esfuerzo para armar el objeto tan deseado.

Me estoy yendo por las ramas. No quería hablar de IKEA, sino solamente utilizarlo como ejemplo de Filosofía Sueca, ya que, ni los productos son de gran calidad (más bien aceptables), ni en realidad resultan más baratos, pero sin embargo todos el mundo civilizado está convencido de ambas cosas, y además creemos que lo son porque tenemos que cargarlos, transportarlos, subirlos a casa, desembalarlos, armarlos y deshacernos de unos embalajes que son aún más difíciles de tirar que las cajas de pizza, aunque parezca increíble.

Y si miramos un poco alrededor, resulta que está lleno de agentes en nuestra vida que emplean la Filosofía Sueca, como por ejemplo los restaurantes de comida rápida, las estaciones de servicio e inclusive la administración pública. Hago cola, me lo sirvo, limpio la bandeja y al final pago como en un sitio en el que me hubiesen atendido bien. El arte de complicarle la vida a los consumidores, pero haciéndolos felices, que crean que es más barato y que están contribuyendo con el cuidado del planeta, y de paso que combatimos la pobreza, luchamos contra el cáncer y el alzhéimer, donamos el 0,7% para el tercer mundo y además tenemos guardería.

No me gusta la Filosofía Sueca, pero reconozco que es un gran invento.

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10 comentarios

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    • ana on 4 septiembre, 2009 at 15:05
    • Responder

    El sexo masculino siempre cuestionando el buen saber hacer de las feminas!. Obviamente sois incapaces de comparar precios y productos cuando hay que reponer las alacenas del hogar, entendiéndose estas en su amplio bagaje, droguería, alimentación, etc, porque cuando entráis a un centro comercial os pasáis la mitad del tiempo mirando el reloj como si algo tan sumamente importante, como salvar a la humanidad de un ataque alienigena, tuvierais que hacer de inmediato. Qué pensáis que disfrutamos mirando las latas de atún? os aseguro que no! pero alguien tendrá que comprobar el estado de los alimentos que llegan a casa en una perfecta relación calidad/precio.
    Así que para compensar esta capacidad de la que nosotras disponemos y que vosotros intentáis frustrar continuamente, lo mínimo que debéis hacer es con una exquisita sonrisa cargar, transportar, desembalar y montar los muebles del Ikea que con tantísismo gusto escogemos. SpainSpain

    1. Tienes toda la razón del mundo, pero sigue sin gustarme la filosofía sueca 🙂 SpainSpain

    • Núria on 4 septiembre, 2009 at 21:22
    • Responder

    Consejo: Si tienes claro lo que quieres comprar no hace falta que hagas el “caminito de la muerte”,existe una puerta que te lleva directamente al almacen. Esto te evitará comprar cosas innecesarias. De todas formas, el consumo responsable es cosa de todos SpainSpain

    • mónica on 6 septiembre, 2009 at 21:47
    • Responder

    Deberías escuchar ( María lo tiene) una grabación de internet de un gaditano suicidad”El catálogo de IKEA que tu novia no lo vea” ArgentinaArgentina

  1. Me parece que le estás echando la culpa a los suecos cuando en realidad, el tema pasa por casa 😉 O sea, nosotros cuando fuimos a IKEA, al final nos volvimos con *menos* de lo que habíamos pensado comprar. Eso así, la primera vez pasamos como 39 horas adentro, y el dolor de pies, de espalda, el calor, el empuje y todo eso fue absolutamente demasiado. Pero volvimos a ir igual, porque las estanterías y las mesas que queríamos comprar no nos entraban en nuestro modesto Ford Fiesta 🙂

    Lo que quiero decir es que depende mucho de cada sociedad donde está el IKEA, y la sociedad está hecha de gente (¡posta te digo, primicia!). Aquí en Eslovenia estamos muuuuucho más lejos del consumismo que se ve en España, Italia, Inglaterra o los Estados Juntos. Por lo que la gente va al IKEA a solucionar un par de problemitas, y los chirimbolos baratísimos que luego suman 150 EUR los pasamos de lado.

    En mi caso, ayuda mucho el hecho de que Ksenija (mi mujer) es recontra reacia a comprar nada que no sea “útil”, lo cual es un plus cuando vas a un IKEA, pero también puede ser un dolor de baja espalda en otras situaciones. Así y todo, como el resto de las mujeres, ella mirará un par de millones de veces los precios, las calidades, los países de origen y los ingredientes antes de hacer una compra.

    En cuanto a la fabulosa relación precio/calidad de IKEA, cual si fuera la Relación Dorada, a mi entender aplica sólo en los objetos pequeños. Cuando empezás a hablar de electrodomésticos o muebles grandes, a los que por supuesto luego hay que armarlos e instalarlos, no garpa. Un ejemplo? IKEA no garpa para comprar armarios grandes (digamos de 3 m de ancho x 2,5 de altura), porque la calidad es más o menos, no son tan baratos, y tenés luego que matarte montándolos. Sin embargo, sí vale la pena comprar en lo de los suecos los *interiores* de dichos armarios: cajones, cestos, perchas, y toda esa pelota mega-deslizante que no encontrás en ningún lado a tan bajo precio. O al menos, no en Eslovenia 😉

    Abrazo, Pilo. Te sigo queriendo a pesar de que no te gusten los suecos. A mí me caen bien, qué queréi que te diga. Cuando nos veamos acá o allá, no vamos a un IKEA y listo! SloveniaSlovenia

    1. Nonoononoonononno, please no me malentiendas, my friend. Los suecos me caen bárbaro (te remito al principio del artículo). Simplemente para mí ir a IKEA es siempre una experiencia traumática, y no les creo el cuento de “es más barato porque hacés la mitad del trabajo”. Y además creo que ese cuento se aplica en muchas otras cosas. Por lo demás, yo con los suecos me llevo de primera 🙂
      De acuerdo contigo en el consumismo rabioso por estos lados. Además, le podemos sumar que yo soy especialmente imbécil a la hora de mirar porquerías y comprarme cosas que no necesito para guardarlas en espacio que no tengo 🙂
      Es solo la crónica de un sufrimiento.
      Y yo también te sigo queriendo, Carlitos 🙂
      Abrazo enorme,
      Aprendiz de Brujo SpainSpain

      1. Che, me refería con “suecos” a IKEA.

        Yo de a poco estoy sacándome esa imbecilidad de la que hablás. Pero muchas veces me da la recaída. En serio que ayuda tener una esposa “asceta” como la que tengo. O al menos de eso me quiero convencer 😉 SloveniaSlovenia

        1. Te aseguro que si mi mujer no fuese racional, ella, mis hijos y yo viviríamos debajo de un puente 🙂
          Abrazo. SpainSpain

  2. Por favor, quisiera usar el próximo rato (si se acostumbra dividir el tiempo en ratos, para prepararme un café y tomarlo, y averiguar el tema de la falta de agua. Por suerte tengo todavía dos botellas de dos litro de agua de la canilla en l heladera. No volveré atrás par no convertirme en… ArgentinaArgentina

  3. Post antiguo al azar: Filosofía Sueca – Hasta que me casé, había vivido feliz en la completa ignorancia de lo… http://t.co/DeSw7qkX ReservedReserved

  1. […] http://pilux.wordpress.com/2009/09/04/filosofia-sueca/ […] United StatesUnited States

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