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Sep 22 2009

El Aprendiz de Brujo y el gen psicoactivo de la maternidad española

Si los argentinos y los españoles somos taaaaaan parecidos o taaaaan diferentes es uno de los temas que he escuchado discutir hasta el agotamiento desde que llegué a la Península Ibérica. Personalmente me preocupa poco quién le pone más ajo a las comidas, o si los argentinos hablamos más dulce o los españoles gritan más, si en el Subte huele mejor que en el Metro o si el dulce de leche es más rico que la leche condensada (aunque esto último es absolutamente indiscutible). Soy genéticamente inmune a este tipo de comparaciones, y en general la práctica del deporte Si es mejor allá o es mejor acá sinceramente me aburre por completo. Sin embargo, desde que llegué a Barcelona en el año 2000, me he interesado por las evidentes diferencias culturales, pero con ánimo científico en lugar de comparativo. Me divirtió descubrir que currar significa trabajar para los españoles, mientras que para nosotros es robar, o que chichi es, en argentina, una forma cariñosa e ingenua de designar a una mujer, mientras que del lado español es una clara referencia vaginal. Podría citar un millón de ejemplos de pequeñas diferencias que me he dado a contemplar durante estos años, pero hay cosas que merecen más mi atención, al menos hoy.

Hasta que tuve hijos no me di cuenta de que las madres españolas tienen un gen heredado de sus madres, que a su vez heredaron de sus madres, y que les condiciona la visión general de todo lo relacionado con el crecimiento, salud y alimentación de sus hijos. Es superior a sus fuerzas, no pueden, ni quieren, ni aunque lo desearan con toda su alma, serían capaces de sustraerse al poderoso gen ibérico de la maternidad. Además, aunque mis conocimientos de historia del viejo continente son relativamente pobres, me atrevo a especular sobre la Guerra Civil Española, y deduzco que la hambruna sufrida por madres y abuelas de las mujeres que son ahora madres, produjo una mutación genética heredable que es la responsable de algunos de los fenómenos observables en las madres Hispánicas.

Mientras los bebés toman la teta, el gen pasa desapercibido, porque la imposibilidad de ver y evaluar las cantidades de alimento ingeridas por el vástago hace que la preocupación se centre en el tiempo que pasa el niño prendido a la teta, la frecuencia con la que mama y el tamaño y poder de los eructos y regurgitaciones que despide (eso sí, si el niño vomita con frecuencia, ya la hemos cagado). El gen de la maternidad realiza oscuras operaciones polinómicas con estas variables de entrada, y si el valor resultante es que el bebé es como mínimo pellizcable, preferentemente con cierta tendencia a la esfericidad, mucho mejor si está francamente gordo, aura alfa si la madre no lo puede levantar con una sola mano (“Y solo dándole pecho!” – se jactará ante las otras madres, extasiadas, al borde del nirvana), entonces no genera señales de alerta hacia el sujeto de estudio (la madre). Ahora bien, cuando el niño empieza a comer papillas, el gen se vuelve psicoactivo, y lo primero que produce es una alteración en la mecánica cerebral de interpretación volumétrica del sujeto (o sea, la madre). Es decir, por más que el enano se engulla un platazo de puré de las mayores porquerías imaginables (verduras de color naranja oscuro, mezcladas con cosas verdes y pedacitos de alguna fuente proteica, todo pasado por el túrmix, resultando en una pasta color indefinido, que a todos los padres nos resulta increíble que un ser vivo se pueda meter entre pecho y espalda voluntariamente), la madre siempre ve poco en el plato. Además, una vez que el plato está servido, la alteración de la mecánica de interpretación volumétrica juega otra mala pasada: se vuelve inversamente proporcional. Por ejemplo, si el niño se come una quinta parte del contenido del plato, la madre ve que no comió nada. Si en cambio se come la mitad, la madre ve que se ha comido la cuarta parte. Si se come el ochenta por ciento, dirá que no ha comido ni la mitad, y así sucesivamente hasta que no quede en el plato la menor evidencia de una posible inapetencia del crío en cuestión.

La principal fuente de peleas conyugales alrededor de la alimentación no es tanto la reprobación silenciosa y resignada que hacemos los padres, sino el hecho incontestable de que, cuando nos toca a nosotros darle de comer al pequeño, y el pequeño no quiere más, nos aburrimos en seguida, lo cual invariablemente deriva en un desacuerdo básico sobre la cantidad de comida remanente en el plato, agravado por la interpretación volumétrica inversamente proporcional desarrollada por el sujeto (esto es, otra vez, la madre). Es importante destacar la función de La Plaza (sí, con mayúsculas) como fuente inagotable de datos para la investigación. Mediante el método científicamente probado de preguntar a los otros padres su opinión durante las horas pasadas en el laboratorio (La Plaza), he llegado a la conclusión de que todos estamos básicamente de acuerdo en el siguiente axioma: “De hambre no se va a morir”. Pero por alguna razón inescrutable, el gen psicoactivo de la maternidad española vuelve furiosas a las madres al escuchar esa frase, llegando, en algunos casos, (por fortuna no en el mío personal)  a volverse agresivas y hasta peligrosas.

Así, el crecimiento de los pequeños se ve continuamente acosado por los comportamientos emergentes del sujeto de estudio (sí, la madre), expresados fundamentalmente por un vocablo que sube diez decibelios de tono cada tres minutos durante el tiempo que dura la cena: “Come, come, come”.

A pesar de todo lo descrito en el presente estudio, es posible (bastante probable, diría yo) que la vida familiar sea armónica, pacífica y hasta placentera, porque los comportamientos emergentes del sujeto de estudio, generan otro comportamiento emergente de respuesta invariable en los hombres, que estudiaremos más adelante en otro post, llamado “Sí, mi amor”, y que fundamentalmente se expresa presionando al niño para que coma un poco más, mientras de reojo vemos el partido que dan por la tele.

Desde el punto de vista sociológico, lo que más me llama la atención es el funcionamiento característico del conjunto de sujetos de estudio (padres, madres, niños) durante las horas de observación en el laboratorio (La Plaza). Es común en un pueblo como el que vivimos (ver El Aprendiz de Brujo y los caprichos del Mono Loco) que a la salida de la escuela vayamos todos a La Plaza. Todas las madres, invariablemente dominadas contra su voluntad por el gen psicoactivo, traen para los pequeños una merienda compuesta por los siguientes elementos:

1)      Bebedizo calcificador o alimenticio en forma de: Leche chocolatada, Actimel, Zumo de Frutas o similar, con un contenido nunca inferior a los doscientos centímetros cúbicos.

2)      Sólido masticable en forma de: Galletas, bocadillo o fruta, en cantidad nunca inferior a los ciento cincuenta gramos.

Lo primero que hace el sujeto de estudio al llegar al laboratorio, es decirle al niño: “Si no tomas la merienda no puedes ir a jugar”, lo que, por supuesto, produce una inmediata mala disposición por parte del pequeño, que ve cómo es retenido contra su voluntad mientras los que comen más rápido que él ya están jugando. La mayoría de las madres solamente son capaces de controlar la compulsión al ocio y al juego de sus pequeños durante el consumo del bebedizo, así que la imagen final es la de una Plaza repleta de niños jugando, cada uno de ellos perseguido por una mujer adulta, con las rodillas levemente flexionadas y la cintura doblada todo lo posible sin perder el equilibrio, que sostiene, en una mano estirada hacia el niño, un sólido masticable mordido y con restos de baba, y va gritando “Pepito, termínate el bocadillo!”, mientras Pepito huye en pos de sus congéneres haciéndose el sordo, y el padre de Pepito permanece sentado en el banco, sonriendo para sus adentros y recordando afectuosa y pasivamente cuando su madre lo perseguía a él, veintiocho o treinta años atrás.

Como conclusión de tan provechoso estudio, solamente cabe apuntar dos cosas. La primera es que un observador imparcial, desconocedor de la existencia del gen psicoactivo, que presenciase la escena final, seguramente interpretaría que es un juego divertidísimo, y que a los padres no nos gusta jugar. La segunda es que la existencia del gen psicoactivo (que hemos demostrado científicamente a lo largo de este artículo) es una alteración de la conducta del sujeto que no condiciona el resto de sus cualidades maternales, pero que los niños rápidamente interpretan como una oportunidad para confirmar una y otra vez el amor descomunal que les profesan sus madres. Las manipulan como quieren, los muy cabrones.

PILUX

Enlace permanente a este artículo: http://aprendizdebrujo.net/2009/09/22/el-aprendiz-de-brujo-y-el-gen-psicoactivo-de-la-maternidad-espanola/

9 comentarios

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    • Natalia on 22 septiembre, 2009 at 20:03
    • Responder

    El lunes fue el primer dia que Lucas se quedó todo el día en la escuela. Al salir, como vos bien comentás, se encontró con un abanico amplísimo de productos bebibles y comestibles que tenían los otros niños.Miró para todos lados y me preguntó: Mami ¿y mi juguito de naranja?
    Me sentí la peor madre de todo el patio…. Ahora estoy más tranquila, liberada de culpa al saber que todo se debe a que no tengo ESE gen.

    Y encima confieso: hoy martes, tampoco le llevé nada! Vinimos para casa y tranquilos compartimos un yogurt. SpainSpain

    1. Es que justamente por esa razón me llamó la atención el tema y decidí escribir sobre él. Aquí en mi pueblo todas las madres tienen el gen, y se les nota de lejos!!! 🙂
      De todas formas, dale de comer al gurí, pobrecito… SpainSpain

  1. Gran post! Acabo de descubrir tu blog y me he divertido mucho leyéndolo! Sin embargo, debo discrepar en algo… este gen no está sólo en las mujeres españolas. Probablemente debido a que es más raro en hombres haya pasado inadvertido, pero tras leer las conductas que describes, puedo afirmar sin temor a dudas que mi padre tiene ese gen (y es y ha sido siempre un hombre). Mi madre, sin embargo, no lo tiene. Tal vez las mujeres lo expresan sólo si no lo hacen los hombres…

    Un saludo! SpainSpain

    1. Gracias! Es probable que tengas razón 🙂 Quizás la muestra que analicé para el post no haya sido lo suficientemente amplia, pero acordarás conmigo en que el gen existe! 😉 SpainSpain

    • ana on 23 septiembre, 2009 at 14:17
    • Responder

    Si, lo reconozco, soy un orgulloso sujeto de estudio, o lo que es lo mismo mujer portadora del gen, y si, soy capaz de correr, saltar obstáculos, amenazar, coaccionar, secuestrar, y limitar el derecho de deambulación de mi prole con el fin de que esta termine satisfactoriamente (satisfacción basada en un criterio totalmente subjetivo y arbitrario) el alimento proteínico supervitaminado y mineralizado que unilateralmente he decidido sea el adecuado para ser ingerido en ese concreto momento del día.
    Y ¿dónde está el problema?, como dice un refrán español “cuando seas padre comerás huevos”, y mientras tanto “ajo y agua” (a joderse y a aguantarse). SpainSpain

    1. No pensaba revelar la identidad de los sujetos de estudio, pero ya que te has adelantado, déjame agradecerte por la enorme riqueza y aportación científica que la simple observación de tu abnegada maternidad ha brindado al estudio. Y por cierto, ¿qué te parecería un artículo titulado “El Aprendiz de Brujo y el acto de beber agua en tapita?” Es solo una idea… no se… 😉 SpainSpain

    • Natalia on 25 septiembre, 2009 at 0:10
    • Responder

    Desde que leí este… cómo se llama ¿nota?¿escrito?¿post? Da igual…. Cuestión, desde que lo leí y comenté mi caso como si fuera “El DIario de Patricia” viene sucediendo una cosa, no diría extraña, pero sí, muy particular. Juro que no comenté nada de nada sobre lo leído ni lo comentado… pero vayamos al grano. Desde que lo leí, Lucas, los días que le preparo un bocata para el “esmorzar” en la escuela…. oh! casualidad!!! se deja un pedacito para la tarde! Cada día que lleva bocata, al salir a las cinco me pide lo que le sobró de la mañana. Pero cuadno lleva fruta, no. No sé si será el gen que se propaga o la bendita casualidad…. pero qué lo parió, no?! SpainSpain

    1. Ni lo uno ni lo otro. Es que la ausencia del gen en la madre, produce que lo desarrolle el niño por sí solo, por puro instinto de conservación 🙂
      La verdad es que los enanos nunca dejarán de sorprendernos! SpainSpain

    • joaco on 4 octubre, 2009 at 14:41
    • Responder

    muy obsevador este post. Totalmente de acuerdo. Solo agregaria que las madres muchas veces persigen a sus hijos con cosas que no son sanas y no formarian parte de una dieta balanceada. Una vez vi a una mujer hacer mas de doscientos metros detras de su hijo con una patata frita manchada de keptchup. SpainSpain

  1. Información Bitacoras.com…

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