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nov 01 2009

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El Aprendiz de Brujo y el dilema de exponerse con honestidad

wall_honestyHace poco más de dos meses, cuando decidí iniciar el viaje de escribir este blog, expliqué en La verdad de la milanesa los motivos iniciales que me llevaron a hacerlo. Por esos días solamente buscaba una salida franca a una necesidad de escribir que crecía en mí sin un canal claro de expresión. El ejercicio de escribir la novela es enriquecedor y satisfactorio, pero muy solitario. Necesitaba feedback, y necesitaba escribir cosas que no tenían lugar en la novela. Sinceramente, y aún disponiendo de una retrospectiva tan corta, creo que fue un acierto. Me brindó un mundo de sensaciones, de pequeñas decepciones y recompensas desmedidas.

Aprendí mucho, porque aunque parezca increíble, desde la autoría de textos que dejan de pertenecerte una vez que son públicos, se palpa de una manera muy especial como ese texto respira, cuándo gusta mucho y cuándo no gusta tanto. Es cierto que cada vez que una persona hace algo – lo que sea que elija hacer – y lo expone públicamente, se arriesga a no gustar. Esto no me asustaba especialmente, porque estoy seguro de que, por cada persona a la que le gusta lo que hago, habrá o puede haber una, dos, cien, o miles a las que no les guste. Es normal, y supongo que de alguna manera ese equilibrio es lo que define no la calidad, pero sí la empatía que pueda despertar en los demás la escritura que mal o bien soy capaz de producir.

No nos engañemos, al final, cuando se escribe y se publica lo que se escribe, de alguna manera estamos buscando el reconocimiento en la mirada de los demás. Personalmente creo que está bien que así sea, porque sin alguien que escuche, el que narra deja de ser necesario.

Ahora bien, también supe desde el principio que además de palmadas en la espalda (que he recibido muchas, y estoy muy agradecido por cada una de ellas), en algún momento recibiría críticas. Habiendo hecho más de diez años de taller literario, conozco el ejercicio de escuchar una crítica. Sé lo que duelen cuando alguien te marca algo que no está bien hecho, o que podría ser mejor, y que más duele cuanto más inteligente y aguda es esa crítica, pero sé también que, cuando las críticas nacen de buena uva, y apuntan a ayudar, se aprende mucho de ellas. Siempre me dolerá un poco recibirlas, pero siempre estaré agradecido por recibirlas, si son en términos constructivos.

Ayer publiqué El día de la bolsa verde. Es un relato en el que narro un episodio difícil con mi hijo Pablo, y expongo no solamente mi manera de escribir, sino también mis armas como padre, que me importan mucho más que la literatura. Lo hice porque durante ese episodio perdí los nervios, cosa que no me pasa a menudo, y obré como pude, intentando que mi hijo aprendiese algo, y ser un poco mejor como padre al mismo tiempo.

En ese texto recibí un comentario que me produjo mucha angustia. Lo cito textualmente:

“Ten cuidado de que un dia te crea ciegamente cuando estes equivocado, a ti o a algun otro con autoridad. Menos mal que siguio el camino del experimento cientifico, verificando por si mismo si era la bolsa o no, sin tener que pagar por ello una penalidad de humillacion, como le propusiste.”

Pueden leer mi respuesta en el artículo original, pero lo que quiero narrar en este artículo, son las diferentes cosas que ese comentario disparó en mi.

Lo primero que sentí fue frustración, porque una experiencia vital que considero que nos dejó, tanto a mi hijo como a mí, un saldo positivo, a pesar de haber sido difícil, se había interpretado a través de mi narración de una manera equivocada. Donde yo intentaba inculcarle a mi hijo el valor de la confianza, este lector entendió autoridad. Donde yo quise decir que reflexionar antes de actuar es de personas sabias, él (o ella) entendió que yo enseñaba a obedecer sin pensar, y donde yo, con las herramientas de las que dispongo como padre, que no son siempre las mejores, intenté fortalecer a mi hijo, esta persona entendió que quería humillarlo.

La segunda cosa que sentí fue amargura, porque creo que nadie que haya leído los textos en los que hablo de mis hijos (Enano Cabezón, Así es la vida, Charlas de Hombre a Hombre, Charlas de Mujer a Mujer, entre otros publicados en la categoría Acerca de las cosas pequeñas) puede siquiera por un segundo interpretar así mi visión de la paternidad. Esto me llevó a sentir una tercera cosa: injusticia. Había sido juzgado por alguien que evidentemente no conocía en profundidad la situación, y que no se detuvo a pensarlo, ni se esforzó en saber más antes de tomar una posición.

La cuarta cosa que sentí, con mucha fuerza, fue rabia. No porque alguien dejase en mi blog un comentario en el que no comulga con lo que digo, o con cómo lo digo. Para eso estoy y estaba entonces preparado. Sentí rabia porque se ocultó, dejando un comentario anónimo y una dirección de email falsa (quienes dejan un comentario deben poner una dirección de email). Para mí eso significa que su intención no era aconsejarme, ni criticar desde el respeto algo que creía que no estaba bien, sino simplemente hacer daño. Yo no creo ser ni el mejor escritor ni el mejor padre, y si expongo lo que hago suscribo implícitamente un contrato por el que acepto ser criticado, acepto que los demás discrepen con lo que digo, y estoy dispuesto a respetar esas opiniones y a debatirlas. Pero no soporto la cobardía. Me parece bueno, sano y lógico que alguien piense distinto a mí, y me gusta el ejercicio del debate de ideas, pero al mismo tiempo me parece pobre de espíritu y egoísta el esconderse solamente porque se piensa diferente.

Y en realidad, con la quinta cosa que sentí viene el verdadero tema de este artículo. La quinta cosa que sentí, muy profundamente, fueron ganas de borrar el comentario y olvidar el asunto. Me parecía que el comentario estropeaba un artículo que me gusta, y pensé que borrarlo era la manera de limpiar eso. Entonces reflexioné un segundo (por algo el nombre del blog lleva la palabra reflexiones) y me di cuenta de que borrar el comentario automáticamente me pondría al mismo nivel de la persona que lo escribió. Solamente él, en su anonimato cobarde y yo, sabríamos que el comentario había existido. No solamente eso, sino que además rompería el contrato implícito de honestidad que suscribo con todos mis lectores, y que me parece una ley subyacente e inquebrantable que hace que todo esto tenga algún valor.

Por todas estas razones decidí escribir este post. No solamente para aclarar – si es que alguien, además del comentador anónimo, albergaba alguna duda – el episodio de El día de la bolsa verde, sino también para refrendar la honestidad y lo inquebrantable de mi decisión de exponer ante todos ustedes lo que hago. No solamente estoy dispuesto a recibir comentarios halagüeños (un simple “me gustó” escrito a toda prisa me deja una sonrisa en la cara durante horas), sino también críticas y desacuerdos. Me expongo con total conciencia de que cada uno posee una opinión original y única tan válida como la mía, y con el compromiso de respetarlas y debatirlas, todas y cada una de ellas, siempre que entre todos seamos capaces de mantener las formas, el respeto por el otro y, sobre todo, estar siempre lo suficientemente orgullosos de lo que decimos y opinamos como para firmarlo con nuestro nombre.

Barcelona, 1 de noviembre de 2009.

Pilux,

Aprendiz de Brujo.

PILUX

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Acerca del autor

Federico Firpo Bodner

Federico Firpo Bodner, también conocido como Pilo, o Pilux, es, por definición y elección, Rioplatense de nacimiento. Nació en Montevideo, Uruguay, en marzo 1973. A finales de 1974 su familia se instaló en Buenos Aires, donde residió hasta mayo del año 2000, fecha de su traslado a Barcelona, en donde vive actualmente.
Más info en http://www.federicofirpobodner.com/bio/

Enlace permanente a este artículo: http://aprendizdebrujo.net/2009/11/01/el-aprendiz-de-brujo-y-el-dilema-de-exponerse-con-honestidad/

8 comentarios

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  1. ale

    Que loco ¿no? como cada uno ve o lee las cosas y pueden ser interpretadas de una u otra manera. Fijate vos que a mi no me habia parecido un comentario necesariamente tan negativo, como obviamente al leer tu respuesta, vi que te parecio a vos. Si bien estoy de concuerdo en no comulgar con la cobardia y con la ganas de joder, no estoy segura que necesariamente esa es la única manera de interpretar aquel comentario anónimo. Por un lado me parece que tenes que tener en cuenta que no necesariamente todos los que leen tu blog (al estar expuesto y abierto en internet para todo público) saben que las cosas que contas en el parten de la realidad más que de la ficción. Vos tenes que pensar como bien pones en algun lugar que nacen en vos y son tus historias, pero dejan de serlas una vez que llegan a la gente y cada uno las hace suyas, no como tus historias reales de vida sino como una historia que por algun motivo, provocó algo en el otro. Que en realidad no importa que algo le provocó, no importa si le gustó o no,. Si le provocó algo tan fuerte como para tener la necesidad de comentarlo, tu relato, es en si, un exito porque generó un sentimiento en el lector. Si el comentario es bueno o malo, es lo de menos, si el comentarista es anónimo, tambien es lo de menos. Mira incluso si alguien te pusiera tu blog es una mierda, escribis para el orto, en el fondo tambien significa que es un exito, porque evidentemente algo provoca lo que escribis. Pero este no es el caso, en este caso tu comentarista anónimo, leyó tu blog y lo interpretó como debe ser, según su propia subjetividad, y no esta hablando ni de Pilo como padre, ni de Pablo como hijo. Y yo creo que la historia de la bolsa verde puede perfectamente ser interpretada desde ambos lados. y en mi humilde opinion creo que si te separas un poco de la historia, y la vez mas como un cuento, podrias incluso ver que el comentario no es mas que eso, un comentario, segun mi punto de ver esta lejos de ser una critica (ya te digo, de ser critica, seria como vos lo tomas, critica a tu labor de padre, y no creo que nadie que lea el blog, mas siendo un desconocido se dedique a examinarte como padre) Y hablando puramente del “dia de la bolsa verde”, yo leeria el comentario del anónimo, junto con el último párrafo de “Enano Cabezón”, donde llamas a tus hijos a la desobediencia. Porque al fin y al cabo ese es el delgado equilibrio donde vivimos todos los padres ¿No? Por un lado queremos que nuestros hijos sean seguros, independientes y con una mirada critica que los haga libres (Ja,Ja,ja, esa última frase quiza roza la cursileria, sin el quiza, pero una vez que llego a mi mente tenía que escrbirla), y por el otro no queremos que eso significa que nos pierdan el respeto y subestimen nuestras posiciones, nos cuestionen o critiquen a nosotros. En fin no se, tambien cabe la posibilidad de que el anonimo sea un listillo que solo escribe para joder, pero yo, no lo tomaria asi para nada, asi como tu historia deja de ser tuya una vez subida al blog, su comentario tambien deja de ser suyo y vos lo podes interpretar como mas te guste. SpainSpain

    1. pilux

      Ale,

      Leer tu comentario me hizo reflexionar otra vez. Estoy muy de acuerdo con lo que decís, y creo que hay poco que agregar. Es verdad que me sentí mucho más tocado como padre que como autor de un texto, y es verdad que no consideré este punto de vista. Solamente agradecerte por aportarlo, y sinceramente espero que quienes lean el artículo lean también tu comentario, porque es un aporte muy valioso para el tema de exponerse con honestidad.
      Sigo prefiriendo a las personas que firman lo que dicen, pero tenés razón en que la única manera de interpretar el anonimato no es la que expuse más arriba, ni la única forma de leer el comentario es la que me ocurrió a mí.
      Gracias otra vez por darme un punto de vista diferente.
      Abrazo enorme,
      Pilux.
      Aprendiz de Brujo. SpainSpain

  2. joaco

    hola: Yo rescataría el pensamiento crítico de Pablo. Que tomo, a mi entender, la mejor decisión. Comprobó lo que quería comprobar y luego tuvo los santos huevos de decirte que tenias razón (que eso es muy valiente y habla de una relación padre – hijo muy cercana)
    Del comentario yo te diría que cuando uno escribe algo ya no le pertenece y que cada uno lo interpreta como quiere-puede-le da la gana. es el riesgo del violento oficio de escribir. Despues que un cuestionamiento a una decision tuya como padre no quiere decir que seas mal padre. No todas las decisiones que tomamos son acertadas ¿no? Y hay mil millones de formas distintas de actuar ante la misma situacion.
    Un abrazo SpainSpain

    1. pilux

      Sí, es cierto. La verdad es que ahora, pasados varios días, no sé por qué me afectó tanto, ni por qué reaccioné así. Creo que le dí mas importancia de la necesaria. Definitivamente tiene que ver con eso, con que me sentí cuestionado como padre, cosa que me importa muchísimo mas que escribir.
      Gracias, Joaco.
      Abrazo enorme,
      Aprendiz de Brujo. SpainSpain

  3. Emilio

    Para mí hay una relación de tremenda asimetría entre tu nivel de exposición y el de quién no firma ni siquiera un comentario.

    Sin embargo, es una asimetría elegida por vos y no por él o por ambos.

    Desde que empecé a leer tu blog me sorprendió el nivel de exposición que decidís tener, y aún cuando esa exposición permite que todos nos nutramos de tus reflexiones, me cuesta entenderlo en un momento de mi vida en que trato de reservar y defender lugares de intimidad, eligiendo con extremo cuidado qué quiero compartir con quién.

    Digo que me cuesta entenderlo, además, porque imagino que semejante exposición invita a ser más coherente y consistente de lo que hoy me siento. Sobre todo para tolerar que venga un desconocido, con buena o mala leche, a meter el dedo en la llaga diciendo que empujaste a tu hijo a una situación de humillación.

    De todas maneras, el anonimato no me resulta en sí mismo malo. Permite licencias para ser contradictorio. Permite decir verdades dolorosas, que a su vez puedan ser escuchadas por quienes deseen oírlas.

    Yo creo que la puerta la abriste vos y sos quién debe decidir cuan irrestricto es este espacio así como la participación con comentarios.

    Dicho esto, dos cosas:

    (1) no creo que no todas las opiniones sean bienvenidas e igual de válidas unas que otras, aún cuando decidas no poner filtros. Sin embargo, muchas de las malvenidas nos ayudan a pensar más que cualquier halago.
    (2)los padres caminamos cada minuto sobre una contradicción insalvable en la que necesitamos que nuestros hijos sientan confianza absoluta e irrestricta en nosotros y nuestras verdades, y al mismo tiempo que aprendan a desafiar y poner a prueba cada una de las verdades con que se topen en la vida, empezando por la nuestra. Creo que es en ese diálogo contradictorio más que en los argumentos entre uno y otro fundamento que ellos pueden aprender ambas cosas al mismo tiempo.

    Un gran abrazo ArgentinaArgentina

  4. pilux

    Emi,

    Creo que hiciste un excelente resumen de la situación, con una sola salvedad por mi parte, que tiene que ver con el nivel de exposición personal. A este respecto, me parece importante resaltar (más para mí que para quienes leen) que el espíritu del blog es más literario que costumbrista. Utilizar como recurso el partir de situaciones personales para narrar es un riesgo que asumo, pero en todos y cada uno de los textos hay una licencia narrativa, de la cual el lector ignora siempre su componente porcentual. Es decir, me reservo el derecho de mentir como un bellaco si le va bien a mi historia.
    Dicho esto, aquí se produjo un cruce que fue lo que me hizo sobrerreaccionar: esperaba ser criticado como narrador y lo fuí como padre. Ahora mismo, pasado el trago, lo vuelvo a elegir. La próxima vez estaré preparado :)

    Gracias, Emi.
    Abrazo,
    Pilux.
    Aprendiz de Brujo. SpainSpain

  5. Nacho Alvarez (@Leyendito)

    Excelente Blog. Lo reseñé en mi sección Qué Leer, junto a un fragmento de El Aprendiz de Brujo y el dilema de exponerse con honestidad http://bit.ly/3IcFqe.

    Saludos VenezuelaVenezuela

    1. pilux

      Muchas gracias Nacho! Me daré una vuelta por allí :)
      Saludos,
      Aprendiz de Brujo SpainSpain

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