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dic 19 2009

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Ideología

Seguramente Ideología en su versión original fue uno de los textos de este blog que más gustó y más éxito tuvo. Personalmente creo que no sin razón. A mí también es uno de los textos que más me gusta. Por este motivo lo seleccioné para ser publicado en una revista digital el año que viene. A causa de esa publicación inminente, el texto fue corregido – creo que mejoró bastante – e ilustrado por la artista Gabriela Sennes. La razón principal por la que lo vuelvo a publicar aquí es porque creo que la ilustración, que me llegó esta mañana, es preciosa y le hace muchísima justicia al texto, así que no pude resistir la tentación de volver a publicar el artículo. Espero que quienes ya lo hayan leído disfruten de su relectura, y quienes lo lean por primera vez estoy seguro de que también lo disfrutarán. ¡Muchas gracias Gaby!

Ilustración original de Gabriela Sennes

Ilustración original de Gabriela Sennes

Desde chico, muy chiquito, tuve una ideología. Me la regalaron mis papás en una cajita de cartón color madera, atada con una cinta verde que formaba un lazo. Es el primer regalo que recuerdo en mi vida, cuando cumplí los cuatro años. Abrí la caja y allí estaba, blanca, con pintitas de colores limpios que salpicaban un pelaje algodonado y suave al tacto, mirándome con dos enormes ojos profundos y alegres. Yo la quería mucho, porque era una ideología graciosa, juguetona y dulce. Cuando me veía se estremecía y me saltaba a los brazos, feliz. Yo la acariciaba y la acurrucaba en el nacimiento de mi cuello, donde se quedaba durante horas al calor de mi niñez. La cuidaba como a nada en este mundo. Era una buena ideología. Era una ideología que hablaba de ser un buen hombre en el futuro, de construir un planeta un poco más cuerdo, un poco más justo, un poco menos disparatado. Era una ideología generosa, que me hacía pensar en los demás, me recordaba mis privilegios, la suerte cotidiana de un plato de comida caliente en la mesa, de una familia orgánica y funcional, de la presencia del amor en mi vida.

Dormía conmigo en mi cama de niño, y me ayudaba a tener buenos sueños. Cuando aparecía un mal sueño, al despertar sobresaltado mi ideología me consolaba, se acurrucaba contra mí y me contaba historias divertidas en las que los buenos ganábamos siempre, me prometía una vida genial cuando fuese mayor, me invitaba a ser parte de una conjura contra el mal de este mundo.

Cuando empecé la escuela primaria, un día la quise llevar, convencido de que mi ideología tenía que conocer ese lugar donde pasaba tan largos ratos de mi vida. Mis padres se negaron. “Una ideología es muy importante, algo que hay que cuidar mucho. No la saques de casa, a ver si la vas a perder”, dijeron, balanceando el dedo índice, como hacen los mayores cuando quieren dar énfasis a una orden, pero que parezca un consejo sensato. Fue ella, mi ideología, la que me llamó a desobedecer, así que no hice caso. Me gustaba tanto mi ideología que me la escondí en la ropa, satisfecho por el cosquilleo agradable que me hacía su contacto en la piel, agarrándose con sus pequeñas y  suaves manos, rematadas por dedos de uñas romas.

Durante el transcurrir de la mañana me di cuenta de que mi ideología me hacía un niño mejor. Ese día presté mis lápices, no peleé con los demás, y en el recreo, persuadido por ella, decidí compartir las cuatro galletas que llevaba con tres niños que no eran amigos míos, de esos con los que nadie quiere jugar y que siempre están solos en un rincón del patio, mirando cómo juegan los otros, sabiéndose excluidos por ser diferentes. En un acceso de amistad repentina, los invité a mi cumpleaños, a pesar de que no sería hasta varios meses después. Regresé a casa sintiéndome bien, totalmente convencido de que su presencia en mi vida solamente me traería alegrías, la opción diaria de sentirme mejor conmigo mismo.

Desde entonces nos hicimos completamente inseparables. Bastaba que me vistiese para que ella se me trepara a un bolsillo, dispuesta a venir conmigo a donde fuese. Yo se lo permitía, porque cuando ella estaba cerca me sentía seguro, y mucho mejor que cuando no lo estaba. Nos hicimos socios de juegos, camaradas de travesura, compinches incondicionales para cada cosa que me tocaba vivir.

Llegamos a la adolescencia juntos, casi al mismo tiempo. A ella le salieron unas tetitas incipientes, se le estilizó la figura, se le llenaron los labios y se volvió apasionada y luchadora, generosa con las palabras y siempre dispuesta a regalar consuelo. A mí no me salía la barba, pero por suerte perdí la voz de pito y los demás dejaron de confundirme con una niña, a pesar de llevar el pelo muy largo. Entonces nos preocupábamos mucho por todo el mundo, participábamos en política estudiantil y estábamos – mi ideología y yo – convencidos de estar construyendo un mundo mejor, de estar llamados y destinados a encabezar una rebelión que trajese por fin justicia, una revolución en toda regla.

Una vez nos enfrentamos con la policía, y cuando el escuadrón antidisturbios cargó contra doscientos cincuenta adolescentes temerosos como si fueran mercenarios en pie de guerra, mi ideología y yo nos asustamos mucho. Ella más que yo. Se escondió debajo de mi cama y se negó a salir durante varios días. Recuerdo que fue la primera vez que, juntos, nos preguntamos para qué todo esto, si valía la pena recibir palos en nombre de una guerra que parecía perdida antes de empezar. Al final la convencí, y organizamos una manifestación de protesta que una semana después convocó a varios miles de estudiantes. Al volver a casa, después de esa segunda manifestación, solos en la penumbra de mi habitación la miré con detenimiento, y me di cuenta de que ya era una mujercita. Los labios asomaban entre su pelaje blanco, más rojos que nunca, y sus pintitas de colores estaban en flor. Su rostro estaba serio, pero terriblemente hermoso, y en su mirada podía adivinarse el brillo inmaculado que solamente tienen quienes verdaderamente creen en algo. También descubrí sus primeras cicatrices. Una marca muy fea le cruzaba el pecho y parte del vientre, pero la llevaba con orgullo y elegancia.

Cuando terminé la escuela secundaria, contaba los años por desengaños amorosos y políticos. La Argentina se ultraliberalizaba y yo ampliaba mis horizontes hacia nuevas experiencias vitales. Entonces comencé a no llevarla conmigo siempre que salía de casa, como había hecho toda la vida, sino solamente algunas veces. Cuando me veía con amigos, fumaba porros y me emborrachaba, no la invitaba a venir conmigo. Cuando salía con alguna chica tampoco la traía. Su salud desmejoró. El pelaje blanco perdió brillo, y todas las pintitas de colores vivos de antaño se volvieron de ceniza oscura. Sus cicatrices eran más evidentes que nunca. Ahora le trazaban rutas de dolor en la espalda y en las piernas, pero yo, sin embargo, me sentía intacto.

Después llegó la vida casi adulta. Mi cabeza estaba lo suficientemente separada del suelo como para sentirme grande. Empecé a trabajar para una poderosa corporación multimedios, y comenzó a interesarme seriamente el dinero y los modales recios que lo acompañan. Me compré tres trajes y ocho corbatas de colores serios, y por esos días la guardé de nuevo en la misma cajita de cartón en que me la habían regalado. Puse la caja en lo más alto del armario. Así pude evitar el asco subyacente que me producía la mecánica laboral en la que estaba metido, y dedicarme a crecer profesionalmente. Por primera vez en muchos años, recuperé para mí el hueco junto a mi pecho que antes ocupaba mi ideología de toda la vida, y pude llenarlo de ambición, un coche y televisión por cable. Me fue muy bien. No hice dinero porque trabajando para otros no se hace dinero, pero hice ganar mucho dinero a mis jefes, y me sentía contento y orgulloso de mí mismo. Sin remordimientos ni miradas reprobadoras.

Algunas veces, los domingos por la tarde, solo en mi departamento de soltero, mientras rumiaba silenciosamente la resaca poderosa del fin de semana, recordaba la caja en lo alto del armario, y me sentía tentado de abrirla y tener una conversación seria con ella, pero en seguida me invadía como un torrente la culpa violenta de quien se sabe en falta, y me daba cuenta de que no podría soportar su mirada decepcionada, y mucho menos el perdón absolutorio que estaba seguro de conseguir. Entonces me refugiaba en la televisión. Por suerte, los domingos por la tarde siempre se podía confiar en que un buen partido de fútbol acudiese al rescate, armado de un poco de anestesia.

Cuatro años más tarde, con tres úlceras a cuestas y seis trajes más en mi guardarropa, me sentí agotado. Entonces decidí irme a vivir a España. Fueron momentos difíciles, porque desarmar una casa y una vida, por más que se haga con ilusión, es algo que siempre duele. Revolviendo papeles viejos y trasvasando cajas y cosas acumuladas durante años y varias mudanzas, apareció la cajita de cartón que me habían regalado mis padres. La abrí, con una mezcla amarga de nostalgia, temor y remordimiento, y dentro, contra todo pronóstico, mi ideología seguía viva. Estaba muy desmejorada, eso sí. Se le había caído bastante pelo, y en los claros irregulares entre su pelaje, se adivinaba la piel de un color rosado pálido medio enfermizo, los ojos sin brillo y los labios no tan besables como antaño. Quise acariciarla, pero estaba dolida y ofendida. Por primera vez desde que me la habían regalado, me enseñó los dientes y un gruñido de rabia, así que cerré la caja con un enorme sentimiento de culpa. En el proceso de guardar en cajas lo que no podía traerme a Europa, tuve una duda mortal: ¿La dejaba o la traía? Pensé que hacía tanto tiempo que no la utilizaba que no valía la pena cargar con el peso, porque los dueños de los aviones no entienden nada de recuerdos ni de nostalgia, y mucho menos de buenas ideologías heredadas de los padres de uno. Al final, la certeza de que, aún maltrecha y desmejorada, era el mejor regalo que mis padres me habían hecho, decidí traerla.

Una vez instalado en Barcelona, la cajita fue a parar al fondo de un armario nuevamente, y, ocupado como estaba en abrirme paso en el primer mundo, la olvidé sin culpas.

Luego conocí a Gloria, y un poco de tiempo después llegó el primer embarazo. Pablo nació al principio de un verano caluroso y feliz, durante el que vivíamos temporalmente en Málaga, nuevamente invadidos de cajas de tantas y tantas mudanzas. La primera vez que lo tuve en brazos mi mundo entero tembló, y mi sistema de creencias se tambaleó para volver a afirmarse completamente sobre una simiente nueva. Al ser padre no se puede evitar aprender a sufrir por toda la injusticia contra los niños que hay en este mundo.

A final de ese año nos volvimos a vivir a Barcelona, y volvimos a abrir las cajas tantas veces mudadas y vueltas a mudar. Recuerdo que había armado la cuna de mi hijo, y estaba en su habitación, cubierto de polvo y cansado por el esfuerzo. Había vaciado una caja y me disponía a plegarla para tirarla a la basura, cuando advertí que en el fondo quedaba la cajita de cartón de color madera. Preguntándome cómo habría llegado allí, estiré las manos y me la puse sobre el regazo, temblando, asaltado por una emoción nueva y desconocida. Temí que al abrirla mi ideología estuviese muerta, o que se hubiese transformado en un animal herido, que me saltase a la cara con intención de herirme, con toda razón. En contra de mis malos augurios, cuando desanudé la cinta verde, no la vi como esperaba verla, según la imagen mental de ella que había ido fraguando a lo largo de los años, inconscientemente, sino que la encontré como era cuando me la regalaron, un ovillo blanco brillante y peludo, con sus pintitas de colores renacidas y dos ojazos tiernos y dulces. El corazón me latió fuerte, impulsando una ola de sangre nueva que me navegó las venas como un viento profético. La tomé entre mis manos, sintiendo como ella temblaba de emoción, y la acerqué a mi cara, como tantas otras veces, pero esta vez con lágrimas en los ojos. Ella estiró sus manos pequeñas y suaves, y sin dejar de mirarme a los ojos, recogió en el hueco formado por sus manos una lágrima mía y se lavó lentamente la cara, sacudiéndose las gotitas con un movimiento de cabeza. Después me besó en una mejilla. Me levanté, apretándola suavemente contra mí, y aún con el sabor salado en los labios la deposité suavemente en la cuna de Pablo. Vi que ya no tenía ninguna cicatriz, y que su cuerpo era nuevamente cuerpo de niña. Ella me miró, sonrió y se hizo un ovillo junto al cuello de mi hijo.

Ahora Pablo tiene cinco años, y no se separa de ella para nada. Está saludable y crece otra vez fuerte y bonita como nunca. Pablo no deja que nadie la toque, porque la ha hecho enteramente suya, y a mí me parece bien. Yo hago como si no supiese de su complicidad, ni que la lleva a todas partes como hacía yo. A veces cuando finjo no enterarme, intuyo que mi padre me hacía un juego parecido, para permitirme así conquistarla por pleno derecho y no por la fuerza de un legado. No le hablo de ella, pero observo en segundo plano todo lo que viven juntos. Algunas noches, cuando Pablo duerme y Gloria no me ve, me acerco sigilosamente a su cama y la tengo un rato en mis brazos. Nos miramos profundamente a los ojos, y ya no hacen falta palabras entre nosotros. No quedan heridas abiertas. Simplemente sabe que confío plenamente en ella para que enseñe a mis hijos a ser buenas personas.

Acerca del autor

Federico Firpo Bodner

Federico Firpo Bodner, también conocido como Pilo, o Pilux, es, por definición y elección, Rioplatense de nacimiento. Nació en Montevideo, Uruguay, en marzo 1973. A finales de 1974 su familia se instaló en Buenos Aires, donde residió hasta mayo del año 2000, fecha de su traslado a Barcelona, en donde vive actualmente.
Más info en http://www.federicofirpobodner.com/bio/

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18 comentarios

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  1. Elsa

    Hola Federico, hoy leí “Ideología”, descubrí tu blog esta semana y quedé enganchada con tu forma de escribir, de expresarte; me sentí identificada con los sentimientos que expresás(por lo menos,la mayorìa) y ahora con Ideología, terminaste de conquistarme; sufrí por ella pero estaba segura que Pablo haría que recuperara la salud.
    Lamento no poder hacer un comentario inteligente, pero eso está fuera de mis posibilidades; solo sé si lo que leo me gusta o no me gusta. Leo muchos cuentos y suelo tener amores fulminantes, veo las ímágenes, escucho los sonidos, me veo narrándolo.
    Y ahora tuve tantas imágenes, esas primeras heridas, tan dolorosas, tan inevitables.
    Tenés una nueva admiradora que promete seguirte… Saludos a Gloria. Elsa ArgentinaArgentina

    1. Aprendiz de Brujo

      Hola Elsa,

      No puedo mucho más que agradecer tus palabras. Me hace sentir muy bien que mis textos generen este tipo de sensaciones. Me veo obligado a discrepar acerca de la inteligencia de tu comentario, ya que es algo que se nota en la simple redacción.
      Encantado de recibirte entre los lectores de este blog, y por supuesto, le daré tus saludos a Gloria ;)

      Un saludo afectuoso,
      Aprendiz de Brujo. SpainSpain

  2. Camaché

    Federico. Un gustazo enorme leerte.
    Este escrito me llegó al alma. talvez no te interese, pero leer esto me han dado ganas de volver por la cajita que olvidé hace algunos años.
    Tu forma de narrar es exquisita, me mantuviste enganchado de principio a fin y lograste pintar en la imaginación cada escena, cada momento. Sin duda, es un escrito mágico. Y muy conmovedor. por lo menos para aquellos, quienes como yo, tenemos una Ideología.

    Ggracias de nuevo por compartir este escrito tan bello.
    y como ya dijo Elsa; yo también prometo seguirte y estar pendiente de tus creaciones.

    Un saludo y un abrazo bien merecido por este escrito. ColombiaColombia

    1. Aprendiz de Brujo

      Hola Camaché,

      Me produce mucha alegría que haya servido para que sientas ganas de volver a tu cajita particular. Todos la tenemos, y es bueno saludable volver a ella de vez en cuando. Me interesa mucho cualquier cosa que tenga que decir una persona que lee alguno de mis textos. Por suerte es bastante la gente que sigue el blog, y me hace sentir honrado. Lo mínimo que puedo hacer es tomarme en serio sus reacciones y sus comentarios, y los leo con enorme placer. Ojalá el tuyo sea el primero de una serie de intercambio de ideas y experiencias. Es enormemente enriquecedor.
      Gracias por leer.
      Gracias por compartir tus emociones.
      Saludos,
      Aprendiz de Brujo. SpainSpain

  3. Héctor Edgardo

    ¡Hola, Aprendiz! Un anuncio de Google picó mi curiosidad y me enfrenté a este magnifico (recién lo conozco pero veo que es magnífico) blog. Este tema “Ideología”
    es el primero que leo concienzudamente y está soberbio, pero después te cuento eso. En principio, me encontré con tu blog y me llamó la atención no sólo el repasar a vuelo de pájaro los posts (que me gustaron), sino tu imagen, que supongo es tu foto, que parece decir muchas cosas: un ser serio y no tanto, bien auténtico, abierto, generoso, etc. Y para los pocos verdaderosd amigos que uno es capaz de tener en la vida, un amigo incondicional. Creo que puedo decirlo con mis más de setenta pirulos. “Ideología” (yo, como Elsa, sólo sé lo que me gusta o no, y no me creo capaz de hacer comentarios inteligentes. Me gusta la literatura, sí, y a veces escribo. Pero… ¿escribir como vos…?, ojalá lo pudiera hacer algún día. Es que, ¿sabés? la personificación de Ideología que hacés no es sólo inusitada sino totalmente original: sus expresiones, su comportamiento, su afinidad con vos, su gracia e ingenuidad, su aceptación aunque a veces dolorida de tus actitudes… y también está no sólo tu locuacidad tan bien administrada sino figuras que me deslumbraron como por ejemoplo “donde se quedaba durante horas al calor de mi niñez”. Pero todo el relato es una maravillosa serie de observaciones de la realidad del niño, del adolescente, del joven, de la madurez,descripciones exactas y amenas, que impulsan a seguir leyendo tratando de adivinar qué dirá el próximo párrafo. ¡Muy bueno, Aprendiz! Te felicito. Te felicito desde esta mi ciudad cervecera de Santa Fe. Te mando un enorme abrazo y mi saludo a todos los amigos del blog. ArgentinaArgentina

    1. Aprendiz de Brujo

      Hola Héctor,

      ¡Puf! Me dejaste sin palabras, y eso que suelo pecar de palabras sobrantes ;). Ideología es un texto que corre con ventaja sobre los demás textos del blog. En primer lugar porque, a excepción de los capítulos de la novela, es el único corregido a conciencia, mientras que los demás los publico después de la primera escritura. A mí es el que mas me gusta, y difícilmente encuentres otro con tanto contenido en este mismo blog. Comentarios como el tuyo, además de sacarme los colores, me exponen a una serie de emociones, que van desde el sonrojo y la humildad hasta la vanidad más absoluta (que de eso, quienes escribimos solemos andar sobrados). Me cuesta dar una respuesta inteligente, que no peque de falsa modestia ni tampoco lo contrario, y no sé cómo agradecer tanta generosidad.
      Solo me queda decirte que disfruto enormemente la sensación de saber, de imaginar personas frente a sus pantallas leyendo textos que si no fuese por la magia de internet morirían en mis cajones llenos de polvo, y agradecerte el que te hayas tomado un momento para dejarme un comentario tan halagador.
      Un abrazo, y espero que las otras Reflexiones no te decepcionen :) Ojalá siga contando con lectores así.
      Afectuosamente,
      Aprendiz de Brujo SpainSpain

  4. Héctor Edgardo

    Gracias. No merezco tantas líneas. Simplemente, siempre digo lo que pienso y lo que no pienso me lo reservo. Si dijeras que escribís bien, yo digo que escribís muy bien, sobresaliente. Vuelvo a escribirte porque después de hacer mi comentario fui a leer tu perfil y veo que andás por “las europas”. Yo pensaba que sólo jugabas de local, por eso escribí Santa Fe sin especificar que es de Argentina. Y ya que estoy en otro comentario, hay dos españoles que admiro mucho: Ángel Olgoso, unos cuentos extraordinarios, exquisito a mi entender, con una muy fina ironía (presumo que escribir lo debe divertir sobremanera[se lo dije]) y Concepción Cantelar, de prosa chispeante (me envió algunos trozos de una novela suya que iba a titular “Katharsis”) y una poesía muy buena (a ambos se los puede encontrar en el buscador Google) y están entre Madrid y Valencia (Olgoso puede estar por Granada). En estas fiestas brindaré por vos y por el blog con todos sus amigos y lectores. Un gran abrazo. Héctor. Y mañana me dedicaré a los demás posts. Y chau, como decimos por estas orillas. ArgentinaArgentina

  5. Carlitos

    No lo había leído la primera vez, este texto. Muy muy disfrutable, te felicito por lograr plasmar en palabras lo que muchos piensan o sienten y no tienen el talento como para sacarlo al mundo.

    Espero que este texto inspire a mucha gente, cuando flaquee la vigilia constante que nuestros valores (o nuestra ideología) requieren.

    ¡Felicitaciones! Sos grosso, sabelo! :) SloveniaSlovenia

    1. Aprendiz de Brujo

      Carlitos, Churlo querido, no me hagas estas cosas, que me pongo colorado y no puedo responder :)

      Gracias por esa opinión.
      Un abrazo y feliz año esloveno!
      Aprendiz de Brujo SpainSpain

  6. Camino a Gaia

    He oído decir, que uno de los secretos de la buena escritura es encontrar el camino para abordar temas y principios universales, hacerlo de forma renovada ya sea con historias cotidianas o fantásticas. Creo que tu artículo conecta con una necesidad íntima de todo ser humano.
    Podemos comportarnos ante la realidad como simples súbditos, sacrificar al pragmatismo nuestra propia dignidad, acaso traspapelar la nobleza de nuestros actos, porque en este mercado de valores, es un lastre innecesario. Pero un día, nos dejamos conmover por la mirada de un niño, y al pronto descubrimos, que no queremos que ese sea el futuro. SpainSpain

    1. Aprendiz de Brujo

      Muchas gracias!
      Abrazo,
      Aprendiz de Brujo SpainSpain

  7. Marta Alicia

    Hola Aprendiz!!!…es un gusto y un placer leerte…es mi primera vez…mi primer contacto con tus artículos y quiero decirte que tu relato me ha conmovido,me ha encantado,tiene una frescura,una ternura y una justa dosis de imaginación inteligente…te voy a confesar algo…no solo me atrapó el relato,sino que me emocionó…terminé de leerlo con lágrimas rodando por mis mejillas…y eso es de agradecer.No pretendo hacer ninguna “critica inteligente”,solo decirte que el relato me pareció exelente y que espero y deseo que mi hijo conserve su cajita color madera con su ideología bien presente y “bien atendida”,es el mejor legado que pueden dar los padres…los tuyos lo hicieron muy bien!!!.Te felicito de corazón y desde hoy me convierto en tu fiel seguidora.Un beso grande SpainSpain

    1. Aprendiz de Brujo

      Muchas gracias Marta! Deseo lo mismo para tu hijo, y no está de mas que cada uno de nosotros eche un vistazo a su propia cajita de vez en cuando :)
      Te mando un abrazo, Gracias por leer.
      Aprendiz de Brujo SpainSpain

  8. Gin Hindew

    Una curiosa forma de darle vida a un concepto, muy enternecedor T-T MexicoMexico

    1. Alejandro

      Exelente. Cierro mi comentario con lo anterior. No hay mucho más que pueda decir, pues ya lo has dicho vos; entonces, a cuento de qué redundar.
      Tu forma de escribir tiene todo lo que la mía carece. Pero, cacual, cacual… ¿y quién puede con el genio? no yo, por supuesto. Me iunteresaría intentar un pequeño intercambio de trabajos o de opiniones, por correo o como consideres conveniente, en caso de que te interesase…………………………………………………………. La anterior linea de puntos reemplaza los aplazos inmerecidos que he ido cosechanndo a traves de los ùltimos diez años; y no es por modestia, si no porque también debería agregar las críticas y ni hablar de los largos y molestos silencios. ArgentinaArgentina

  9. Aprendiz de Brujo

    Gracias Alejandro!
    Va email privado sobre tu propuesta.

    Saludos,
    Aprendiz de Brujo SpainSpain

  10. reina cecilio

    Federico fué precioso volver a leer “ideología”, creo que fué a partir de ella que me enganche con tu blog, es un relato tierno y profundo, que habla muy bien de tu padre al que quiero tanto y del que guardo tan lindos recuerdos de nuestra infancia y adolecencia. Un gran abrazo desde San Ramón UruguayUruguay

  11. Pott Cristina

    Mi querido Federico, una vez mas me embeleso con tu manera de escribir.Este ultimo me llego al alma.es verdad, todos tenemos una ideologia muy adentro del alma, lastima que a veces nos olvidamos de ella, pero lo importante es recuperar la razon y rescatarla.Genial!! te quiero mucho. ArgentinaArgentina

  1. Tweets that mention Ideología (versión remasterizada) « Reflexiones de un Aprendiz de Brujo -- Topsy.com

    […] This post was mentioned on Twitter by Federico Firpo, Federico Firpo. Federico Firpo said: Ideología (versión remasterizada): http://wp.me/pCELG-7b […] United StatesUnited States

  2. Ideología « Reflexiones de un Aprendiz de Brujo

    […] Ideología 26 Octubre 2009 Deja un comentario Ir a los comentarios Con motivo de su publicación en una revista digital, este artículo ha sido corregido. Puedes leer la versión nueva haciendo click aquí. […] United StatesUnited States

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