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Dic 20 2009

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El teletrabajo del Padre de Arturito y los títulos de las películas

Trabajar desde casa es lo mejor y lo peor a la vez. Al mismo tiempo y sin paliativos. Como viene siendo habitual en las últimas décadas, la incorporación de tecnología a la vida cotidiana nos trae enormes beneficios acompañados de una ingente cantidad de desgracias subyacentes originadas por el tiempo, la energía y la imaginación sobrantes del esfuerzo necesario para ganarnos el pan, con los que muchas veces no sabemos qué hacer.

En mi caso particular, el bajo precio del ADSL, la crisis económica mundial producto de las hipotecas subprime y una tendencia difícilmente controlable hacia permanecer sentado el mayor tiempo posible, han traído a mi vida esta nueva maravilla del mundo moderno. Los beneficios son evidentes: Ahorro de tiempo, porque no paso dos horas diarias en el coche para ir y volver del trabajo, como antes. Ahorro de dinero, porque no como más en restaurantes a diario, y un consiguiente aumento del tiempo restante para dedicar a mi familia y a mis aficiones más oscuras, como la de atormentar a los internautas publicando artículos insufribles como éste.

Las desventajas, en cambio, tardan más en aparecer, son más difíciles de identificar claramente y, como la adicción a las drogas psicoactivas, son asimiladas lentamente como rasgos característicos de la personalidad, como si en vez de ser un mal hábito adquirido fuesen un mal congénito inevitable, una desgracia instalada en la tierra por un poder supremo o un mal premio obtenido en una tómbola benéfica.

Lo primero que se ve afectado es la higiene personal, sobre todo en los hombres, que tenemos una tendencia a adoptar rápidamente inercias negativas y perjudiciales para nuestro buen nombre y fortuna. Así las cosas, cuando en mayo de 2009 acepté trabajar desde casa, comencé a ver como mi impecable aspecto personal se degradaba rápidamente. Lo primero que hice fue dejar de ponerme zapatos. Como no veía a clientes ni personas respetables de ninguna clase, me parecían un accesorio innecesario para una vida cómoda, y el placer ancestral de caminar descalzo rápidamente dominó mis días. Luego, claro está y en consonancia con la falta de necesidad, dejé de afeitarme, porque para qué, total. Mis ciclos de afeitado se modificaron, de rasurarme al ras con una frecuencia de entre dos y tres veces por semana, a un podado mal hecho cada treinta y ocho días si es que me da la gana y el tiempo acompaña.

Lo siguiente fue – y en este aspecto no siento remordimiento alguno – desterrar definitivamente de mi vida a la pérfida y odiosa profesión de los peluqueros. Llevo diez meses sin pisar una peluquería, y entonces es cuando uno empieza a entender la diferencia entre dejarse el pelo largo y simplemente no cortárselo. Los primeros tienen una idea clara sobre su cabeza, mientras que los segundos tenemos un desorden incontrolado de pelo que hace su vida sin que nadie lo moleste, creciendo caprichosamente para donde le da la gana.

Pero la progresiva erosión de las buenas costumbres no se detiene ahí, porque mientras que cuando iba diariamente a una oficina era incapaz de salir de mi casa sin ducharme, y solamente me concedía un descanso uno de los dos días del fin de semana, totalizando así seis duchas semanales como mínimo, desde que trabajo en casa este fue uno de los hábitos más duramente perjudicados, reduciéndose hasta en un cincuenta por ciento. No salgo, no sudo, no me muevo, no me ensucio, ergo no me ducho, y entonces mi mujer me persigue a los gritos por toda la casa, enviándome a bañarme como a los adolescentes, pero peor, porque yo le hago menos caso.

Así las cosas, en poco más de ocho meses experimenté una metamorfosis que, en lugar de convertir a la oruga en mariposa funcionó al revés, y el destacable hombre de negocios, siempre de traje y corbata, siempre impecable, con el pelo y las uñas cortos y cuidados, ha cedido paso a un aborigen salvaje, una especie de hippie de la tecnología, sepultado e irreconocible bajo una mata de pelo descuidado y con unos hábitos de higiene y convivencia que dejan mucho que desear. Por suerte me sigo lavando los dientes.

Y desde que teletrabajo, claro está, paso mucho más tiempo en casa – a decir verdad, salgo lo imprescindible, creo que estoy a punto de sufrir atrofia muscular en el 85% del cuerpo, excluyendo las funciones motoras de los dedos (teclear en el ordenador) y del habla – y, por lo tanto, mis hijos se han acostumbrado a que estoy siempre presente, siempre encerrado en la habitación que uso de despacho. Si a eso le sumamos que los sábados y los domingos utilizo toda la mañana para escribir, la situación de uno de ellos abriendo mi puerta y recibiendo la frase: “Papá está trabajando, ve a jugar al salón” se produce un número impar de veces al día con cada uno.

Y antes de continuar, me voy a permitir una breve disgregación que viene al caso. Si bien está claro y es indiscutible que la industria cinematográfica y televisiva en España nunca tuvo nada parecido al sentido del ridículo, y desde tiempos inmemoriales encadenan una herejía tras otra en la traducción de los títulos de las películas, a veces los argentinos también nos hemos cubierto de gloria en este campo. Así, mientras la inmortal After Hour en Argentina se llamó Después de hora – traducción, a mi entender, bastante decorosa – en España la titularon “¡Jo, qué noche!” y se quedaron tan anchos. Presumiblemente fueron los mismos psicópatas que bautizaron Gustavo a la Rana René, luego de designar como Teleñecos a los Muppets y quedar impunes de tal atrocidad. La lista es interminable, pero cada vez que sale el tema, mi mujer me hace callar la boca recordándome que en la primera traducción de La Guerra de las Galaxias que se hizo en Argentina, el mítico y simpático robot R2D2 se llamó Arturito, y su dorado amigo, en lugar de C3PO fue bautizado como Citripio, debido a una horrorosa y atroz disfunción fonética de quienes tradujeron el filme. Desde que le conté esto, cada vez que me quejo de una traducción, Gloria me dice “Cállate, Arturito”, y el decoro, la ética y la vergüenza ajena me impiden seguir discutiendo.

Ahora que la familia en pleno está embarcada en el revival de La Guerra de las Galaxias, mis hijos hablan sobre ella y juegan a menudo a representar sus personajes. Tenemos un R2D2 de aproximadamente veinticinco centímetros de alto, y otro exactamente igual que no supera los ocho.

Hace unos pocos días Daniel, que apenas tiene los tres añitos, jugaba solo, como hacen los niños cuando están en su mundo y creen que nadie los ve ni escucha. Tenía los dos Arturitos en sus manitas pequeñas, e imaginaba conversaciones y situaciones entre ellos. Yo observaba, enternecido, desde el quicio de la puerta, y escuchaba sus idas y venidas. No tardó en personificarlos como “el papá” y “el hijito”. Entonces, justo en ese momento en el que empezaba a sentirme orgulloso y emocionado a causa de que incluyese a su padre en las fantasías de juego, sus dos R2D2 mantuvieron la siguiente conversación:

–          Hola Papá.

–          Hola Hijo.

–          ¿Vamos a jugar?

–          No, vete, ahora estoy trabajando.

Mi posición de convidado de piedra me había jugado una mala pasada, y no atiné más que a volverme a mi habitación / despacho invadido por mi ancestral sentimiento de culpa judeocristiana – a la que, dicho sea de paso, le importa un pito que yo me declare ateo – a sentarme frente al ordenador, sin poder evitar preguntarme, una y otra vez:

–          ¿Y no será que el padre de Arturito trabaja demasiado?


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Sobre el Autor

Federico Firpo Bodner

Federico Firpo Bodner, también conocido como Pilo, o Pilux, es, por definición y elección, Rioplatense de nacimiento. Nació en Montevideo, Uruguay, en marzo 1973. A finales de 1974 su familia se instaló en Buenos Aires, donde residió hasta mayo del año 2000, fecha de su traslado a Barcelona, en donde vive actualmente.
Más info en http://www.federicofirpobodner.com/bio/

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10 comentarios

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  1. Elsa

    Hola Federico, me veo en el triste deber de informarte que la metamorfosis que has sufrido no es nada novedosa, ni podés culpar de ella a los avances tecnológicos; lo único que ha hecho la tecnología es adelantar el proceso que inexorablemente
    ibas a experimentar al jubilarte. Este penoso proceso parece ser privativo del hombre, porque las mujeres…, las mujeres se lanzan a la vida, a hacer todo eso que siempre tuvieron que postergar…, por el estudio, por el trabajo, por el marido, por los hijos , por el pan nuestro de cada día. Y sí…tal vez reducen el alto de sus tacones… y a veces algún nieto las ata un poco…pero… mujer al fin, acomoda sus tiempos para no resignar nada de lo que hace a su nueva vida e incorpora a ella al niño…

    Sí… me parece que el padre de Arturito trabaja demasiado y pronto (¡todo pasa tan rápido…!)caerá en la cuenta que no hay más Arturito…; ahora hay un Arturo
    que ya no lo invita a jugar…

    Bueno… dejo de fantasear porque…un Aprendiz de Brujo tiene siempre su varita mágica… un conjuro y …a vivir; por lo menos hasta que llegue la jubilación…

    Esta forma que tenés de expresar tus ideas, ya sean producto de la realidad o de la imaginación, hacen que me identifique mucho… gozo y sufro… y disfruto. No sé si como escritor-autor vez la riqueza de imágenes de tu narración.

    Gracias por contestarme, no lo esperaba; es la primera vez que hago ésto y me hiciste sentir muy bien: Pero no es necesario que lo hagas más, creo que no te sobra el tiempo.
    Beso
    Elsa ArgentinaArgentina

    1. Aprendiz de Brujo

      Hola Elsa,

      No dudo ni por un segundo que la proporción de metamorfosis de este tipo en la civilización occidental es en 99% protagonizada por hombres (no se puede ser demasiado absolutista, ni siquiera con ésto ;)), por eso reaccioné con temor al identificar los síntomas en mi propia persona, y escribí este post 😉
      La forma de expresarme es la piedra angular de la necesidad de escribir, y si aunque sea una sola persona percibe las emociones que hay entre las letras, entonces me considero afortunado y ampliamente retribuído por el esfuerzo de sentarme y hacerlo, y no te preocupes, que aunque el tiempo es poco, para mí leer y responder los comentarios de los lectores en el blog es un bálsamo, me hace bien, disfruto y es enormemente gratificante recibir opiniones de los otros. Por supuesto, no se pueden responder todos, ni siempre, pero me encanta hacerlo cada vez que puedo.
      Gracias por leer.
      Beso,
      Aprendiz de Brujo. SpainSpain

  2. Carlitos

    Pilo, a mí la metamorfosis también me afecta, pero no *tanto* como a vos, pero noto los mismos síntomas. En mi caso, el ir a la oficina una vez por semana, y tener videoconferencias regularmente, me ayuda a mantenerme alejado del cavernícola.

    Confieso que me quedé helado al leer el “No, vete, ahora estoy trabajando”. Me hizo dar vueltas muchas cosas en la cabeza y en el estómago.

    Gracias! SloveniaSlovenia

    1. Aprendiz de Brujo

      La videoconferencia es buena. Apuesto a que te lavás la cabeza pero no te cortás las uñas de los pies 😉

      Los niños siempre te dejan girando, es una de sus grandes virtudes.
      Abrazo!
      Aprendiz de Brujo SpainSpain

  3. ana

    Tres cosas:

    1º.-¿Cómo pudiste volver a enclaustrarte en el estudio/despacho después de presenciar semejante juego simbólico de tu retoñito?, la próxima vez entras allí, tomas (como puedes ver he evitado utilizar el verbo coger atendida las connotaciones de tal vocablo en tu país de origen)un arturito y te sientas a jugar con él, verás como se le ilumina la carita a Danielin.

    2º.- ¿Tengo que recordarte a “la pelo sucio”?, no nos hagas buscarte un mote porque ya sabes que en un descuido te hemos rebautizado…Ups! ha sido un lapsus, a un hereje como tu no lo podemos rebautizar nos conformaremos con bautizarte nada más.

    3º.- Saludos, que desde que ha llegado el frío siberiano no os veo el pelo, bueno más que el pelo “la mata enmarañada”. SpainSpain

    1. Aprendiz de Brujo

      Hola Ana 🙂

      Tres respuestas:

      1) Pude, con el alma tocada, pero sabiendo como sé que hay cosas que a veces tienen reglas propias. De todas formas, la próxima vez seguiré tu consejo, porque la culpa me mata!!! (y gracias por evitar la malsonancia) 🙂

      2) No, no me la recuerdes por favor!!! Por suerte, tengo a Gloria que me tiene cortito, y me impide caer sepultado bajo una montaña de pelo sucio!

      3) Es verdad, el finde hacemos unos panqueques 😉

      Salut,
      Aprendiz de Brujo SpainSpain

  4. Sigrid

    Arturito padre trabaja demasiado, eso está claro, porque tiene una granja enorme a la que si dedica tanto tiempo como yo, es un 24x7x365.

    En otro orden de cosas, me siento identificada con el “Cavernicolismo” o la “Cavernicolidad” y reclamo el derecho de las mujeres a la práctica de estos deportes (si al ajedrez le llaman deporte… yo puedo llamar deporte al sofa-ing, o a la silla-de-ordenador-ing o al pijam-ing ¿o no?) Envidio tus largas melenas, yo también me estoy dejando crecer el pelo, aunque por otras razones. Pasando del grado de “Pumuki” mi siquiente meta es el de “Maiquel Yacson en los Yacson Faif”, después… hay monstruos.

    Que me divierto con tus comentarios, cuando la granja me permite hacer otras cosas. Que descanses un momento de la “terrateniencia” y te tires al suelo a jugar con Pablito y Arturito’s family. Que me “mola-mazo” (el otro día estuve ojeando el Super-Pop de las hijas de mi chico y he decidido modernizarme) tu último párrafo sobre la maldita herencia del complejo de culpa judeo-cristiano, que yo creo que es justamente el famoso “pecado original”, que no hay forma de librarse de él ni “ateizándose” ni nada, como tú bien dices.

    Nos fertilizaremos mutuamente, en sentido agrario, esta tarde (variante del clásico “Nos vemos”).
    Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo para tí y para toda tu familia, que ya es la familia de todos tus lectores 🙂

    Sigrid SpainSpain

    1. Aprendiz de Brujo

      Hola Sigrid!

      Es cierto, es 24x7x365, plus 1 en años bisiestos!
      Derecho concedido, y de paso, si no te importa, le voy a decir a Gloria que lea tu comentario 😉

      Feliz Navidad por allí también, y permíteme decirte que me alegra sinceramente que te estés dejando crecer el pelo!

      Beso,
      Aprendiz de Brujo SpainSpain

  5. Abaddon

    Hola, me llamó la atención algunos contenidos de tu blog, sobre todo el título ya que buena parte de mi vida me la he pasasdo explorando por los caminos de la magia, la brujería, etc,etc….. seguiré visitando tu blog, cuando quieras leer algunas cosillas de ultratumba , seerás bienvenido a mi blog EcuadorEcuador

  6. joaco

    Lo de la metamorfosis no se si será por lo de trabajar en casa… siempre que veo en una película un tio que sabe de ordenadores es tal cual te describes. De hecho en la de Milenium sale un super-hacker y tiene el look que describis en tu nota (incluido el bañarse poco). Así que podría ser algo intrinseco a tu profesión… También puede ser el viejazo. Querer ser hippie una vez mas!!!! No se, el problema es cuando tenes ese look y nisiquiera sabes de ordenadores…
    En cuanto al papá de Arturito… Difícil saber. Imagino que para los niños siempre es mucho lo que uno trabaja. En mi caso cuando llego a casa y me saludan (cosa que no ocurre siempre) me dicen que me ven muy poco…¿trabajaré mucho? SpainSpain

  1. Con Arturito no se juega | Reflexiones de un Aprendiz de Brujo

    […] su lugar, nosotros tenemos un aspirador de mano, y un robot de aspiración Roomba, al que llamamos Arturito. Esta maravilla tecnológica patrulla la casa sin descanso, aspirando puliendo y barriendo, con su […] GermanyGermany

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