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Ene 06 2010

Volver a la nada de los últimos veinte años

Serán los números redondos, será el cambio de década o simplemente la nostalgia tópica de los exiliados en época de fiestas, pero lo cierto es que me encuentro reflexivo, nostálgico y tanguero. Desde hace días suena en mi cabeza, en un concierto privado y silencioso, lento, eterno y soñador, con un ataque de bandoneones heridos de invierno, el tango “Volver”. Y es una tontería, porque más que en volver a alguna parte, pienso en los últimos veinte años, que según la genial pieza de Carlitos Gardel no son nada, pero irónicamente vuelven una y otra vez.

Y no es solo que vuelvan, es que los muy jodidos se encaprichan en no volver solos. Vuelven con lágrimas y risas, con aroma de arroz hervido y ojos y manos y bocas que preguntan, con amigos que están lejos o que ya no están, con amores olvidados y amores presentes, vuelven recordándome que era hijo, justo ahora que estoy aprendiendo a ser padre a medida que me equivoco. Vuelven con ira y vino y humo de marihuana, con vasos tintineando y partidas de póker bajo una luz mortecina y fichas de plástico barato, con discos de vinilo y pantallas de color ámbar, con pósters de papel pintado y memorias en sepia. Vuelven para quedarse.

Hace veinte años entraba en la década de los noventa, y aún creía que nunca iba a cumplir veinte años. Creía que el tango era cosa de viejos, y que nunca jamás me iría de la Argentina. Creía que el amor era como en las películas, y que las películas se parecían a la vida. Creía que la vida era ilimitada, que mis pulmones eran de amianto y mi estómago – plano y musculado, sin ningún esfuerzo – era indestructible. Hace veinte años creía que estaba llamado a ser un líder. Creía que mi inteligencia y mi pasión infinita tenían un destino insoslayable de tinta y papel, de tormenta eléctrica y una primavera perenne de ideas nobles.

Hace veinte años ya, y un poco más quizás, cuando la persona que soy recién empezaba a asomar del cascarón, descubrí de la mano de Pablo y Emilio, mis dos grandes amigos, el verdadero significado de la amistad masculina. No la gran amistad que narra la épica, ni la de las personas sabias que intercambian correspondencia para la posteridad y solaz de los historiadores. Ni siquiera la amistad de los adolescentes, la de darse empujones entre risas durante una noche de invierno en la entrada de un boliche. Descubrí la amistad de andar por casa, la que te hace sentirte cómodo. La amistad calzada con pantuflas y que no teme reconocer que fue ella la que se tiró el pedo. La amistad de las confesiones susurradas a la hora en la que no queda nadie más levantado, sino solamente un par de borrachos que son tan amigos que no tienen nada mejor que hacer que decirse cuánto se quieren, confesarse las vergüenzas más profundas y quejarse de sus padres y sus novias, mientras riegan el amanecer incipiente con sus propias lágrimas de sal.

Hace veinte años también – redondeando – que descubrí la piel. No el envoltorio de los homínidos, sino la superficie de intercambio con el mundo, la máxima expresión de la pequeña frontera que nos define, permitiéndonos compartirnos enteros con quien nos parezca. Descubrí la piel femenina, y que las hormonas alborotadas e impacientes, después de la urgencia de conocer y de saber de qué se trataba eso del sexo, podían y sabían, sin que nadie les enseñe, dejar paso a una emoción profunda, a un misterio oscuro de tacto y suavidad. Descubrí también, al descubrir eso, que no había descubierto nada, que no sabía nada y que tenía que aprender a invocar al silencio, para permitirme escuchar, en un susurro casi inaudible, los secretos que en penumbra cuenta la piel de una mujer cuando se la acaricia con verdadera ternura. Después descubrí también, con amargura, que el amor no estaba hecho de eso. O al menos no solamente: hacía falta entrega, corazón, humildad, complicidad y otro montón de cosas todavía más difíciles.

Hace veinte años descubrí que tenía un enorme talento para sufrir, y un pequeño montón de habilidades moderadas para dar sin esperar recibir, para la generosidad, el egoísmo, la comprensión, la lealtad, la vergüenza, el silencio, las palabras, la contemplación, la sinceridad y la mentira, y sobre todo, para admirar a personas comunes, que es mucho más difícil que admirar a los héroes y a los probos. Hace falta mucho esfuerzo para aprender a admirar el trabajo de nuestros padres, a nuestros amigos, a los viejos, a las mujeres que lo dan todo por sus hijos.

Y como parece ser que hace veinte años de todo, hace también veinte años que empecé a pensar que tenía que deshacerme de mi niño privado, de ese pichón de Aprendiz de Brujo que disfrutaba con la fantasía y la ciencia ficción, que adoraba a Batman, al Zorro, a Flash Gordon y a Spiderman, pero también a Tom Sawyer, a Sandokán, Peter Pan y La Pequeña Lulú. Hice mucho esfuerzo, hasta que lo maté sin ningún sentimiento de culpa y supe que podía dedicarme a hacerme grande. No sospechaba cuánto me iba a arrepentir, ni cuánto trabajo me costaría recuperarlo para mis hijos, de a pedacitos.

Hace la mitad de veinte años que dejé la Argentina, asustado, sintiéndome pequeño e ilusionado, en un avión que transportaba veinticinco toneladas de carne humana y tres valijas con todas mis posesiones terrenales, entre otras cosas. Tenía los sueños torcidos y la ambición a flor de labios. Tenía miedo, valentía y un puñado de cicatrices escondidas detrás de un racimo de amores muertos. Tenía quince discos de Joan Manuel Serrat y cuatro o cinco pequeñas venganzas pendientes. Tenía algunos trajes, y muchos papeles viejos llenos de letras sin sentido aparente. Tenía un tatuaje en el hombro derecho y dos cartones de cigarrillos argentinos.

No podía imaginar que, cuando hubiese pasado la primera mitad de la segunda mitad de esos veinte años, la cabecita rosada y deformada por el esfuerzo del parto de mi primer hijo haría soplar un viento fresco que se llevase las venganzas muertas, como hojas secas, ni que un llanto rojo y espeso me inundaría el pecho para reclamar el regreso al país de nunca jamás, la vuelta definitiva de todos los niños que fui, el perdón absolutorio para todos los pequeños rencores que alimentaba con paciencia. Tampoco sabía que era el primer paso de un camino de vuelta, del regreso a la primera mitad de la primera mitad de esos veinte años, el resurgir de mis palabras apertrechadas. No sabía que, al final de esos veinte años de nada, iba a tener tantos motivos para recuperar de las cenizas la mejor versión de mí mismo, que iba a mudar la piel, como las serpientes, y encontrar debajo una piel nueva, igual a la vieja, pero más sensible y mejor conservada, dispuesta a aprender nuevamente de cada contacto, de cada chispa, de cada golpe.

Y ahora que termina la segunda mitad de la segunda mitad de los últimos veinte años, entonces descubro que peso veinte kilos más, que sigo sin saber nada de todas las cosas de las que no sabía nada hace veinte años, pero en cambio aprendí a recordar que no sé nada antes de equivocarme. Y aunque veinte años no es nada, esa nada me deja entre las manos dos hijos perfectos, la mujer con la que quiero estar, un puñado de amigos de verdad, varios montones de personas a las que quiero cerca y un montón de palabras por decir.

Hace seis días que empezaron los próximos veinte años, y ahora que estoy viviendo la primera mitad de la primera mitad de esos próximos veinte años, no encuentro mejor manera de hacerlo que compartiendo con todos ustedes lo poco que aprendí en la nada de los últimos veinte años, y teniendo siempre presente que no hay mejor manera de vivir que con el alma aferrada, pero no solamente a los dulces recuerdos, no solamente a las lágrimas, sino a lo que viene, a lo que hacemos venir con nuestra energía, con nuestra pasión, con nuestras ideas y nuestras palabras.

Los reyes me trajeron una letra de tango con música de Rock & Roll, ejecutada por una orquesta sinfónica, con coros guturales de conjunto de Gospel y estética Pop, y a pesar de que las partituras están amarillentas y ajadas, son vigentes y frescas, y más allá de la absurda mescolanza, la música resultante suena maravillosamente bien, es dulce y profunda, y hace que sea imposible no sentirse lleno de optimismo.

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24 comentarios

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    • Héctor Edgardo on 6 enero, 2010 at 14:57
    • Responder

    Leer, pensar, sentir y asentir; y admirarte, hermano. ¿Qué otra cosa cabe? Mis afectos para todos. Yo a veces siento como que los años se te meten por un embudo y sale un algo amorfo del otro lado que soy yo pero después, después de los años, y quisiera que al menos, por la voz, me reconozcan. Por eso a veces escribo. Soy yo, es mi voz. Fuerte abrazo. Héctor. ArgentinaArgentina

    1. Muchas gracias, Héctor. Me gustó tu imagen del embudo. Es verdad que los años te van atropellando despacito.
      Abrazo,
      Aprendiz de Brujo SpainSpain

    • Eddy Radakoff on 7 enero, 2010 at 12:10
    • Responder

    Sabés qué significa comunión? es lo que te pasa cuando alguien con quien sólo tuviste un contacto tangencial o ningún contacto en absoluto te hace sentir que no estás tan solo, que si tuvieras palabras dirías lo que el otro dice, que a pesar de todo hay que seguir creciendo y que la nostalgia es el material en el que uno puede subirse para construir un presente, imperfecto e inabarcable, levantándote la visera que muchas veces te impide ver el horizonte. Odié el tango en las noches de los miércoles de mi infancia; hoy lo amo y lo redescubro desde la visión de unos otros que lo aman a pesar de la irrealidad de no haber pisado jamás San Telmo, Boedo o Flores (y que probablemente ni siquiera sepan de qué hablo).
    Gracias. SpainSpain

    1. Muchas gracias, Eddy! Me encantó tu comentario. No sabía que estabas en España, cuando vengas por Barna te invito una cervecita!
      Un abrazo y feliz año!
      Aprendiz de Brujo SpainSpain

  1. No lo heredaste de mi….pero sabes decir lo que diria si supiese decirlo.
    Te amo y te sdmiro hijito IsraelIsrael

    1. Gracias Mamá. 🙂
      Beso SpainSpain

  2. Todo son metáforas de lo que no es silencio, de lo que es simplemente huella, porque aún perdura. La mayor parte de lo que somos está fuera de nosotros, forma parte de los demás. Todo está conectado, la belleza que creamos fuera de nosotros, crece dentro de nosotros, nos cambia. Esa es la naturaleza de lo hermoso, eso es lo hermoso de la Naturaleza. Un ser humano puede transmutar en algo tan sutil como la inspiración para escribir un poema o quizá el post de un blog.
    La realidad está hecha de una sustancia equívoca, pero el paso del tiempo puede darnos la perspectiva de que perduramos en lo que amamos.

    Me encanta tu forma de decir lo que tantas veces pienso. SpainSpain

    1. Pues a mí me ha encantado tu comentario. “La realidad está hecha de una sustancia equívoca” me parece una gran frase. Deberías usarla como título de un post! 🙂
      Abrazo,
      Aprendiz de Brujo SpainSpain

      1. Mis mas sinceras gracias, aprendiz de brujo. Ocurre sin embargo, que la huella que otras personas han dejado en mí, ha empezado a concretarse en palabras y el blog empieza a convertirse en un eco de su presencia. He optado por dejar fluir algo que no entiendo bien y que solo se convierte en algo deliberado cuando ya ha quedado escrito e intento encontrar su sentido. Está claro que no necesitas de su inspiración, pero me honraría que fueras tú el que usara la frase como título de un post, o para cualquier otro cometido. Así se beneficiaria de tu buen hacer como escritor.
        Un abrazo
        Camino a Gaia SpainSpain

    • Héctor Edgardo on 9 enero, 2010 at 3:53
    • Responder

    “Camino a Gaia”: Decis lo que me hubiera gustado decir. Porque lo siento como vos lo decís. Desde este momento creo que hay espíritus superiores como vos, como “Aprendiz de brujo”. Fuerte abrazo. Héctor Edgardo. Y me alejo pensando: “…era una noche de reyes, cuando a mi hogar regresaba…esta noche me emborracho bien, me mamo bien mamao, pa no llorar…!” (Trenzas, Volver, Naranjo en flor, y todo eso…) ArgentinaArgentina

  3. Tengo 25 años. Se me han pasado mis primeros veinte años, en el balance general es la mediocridad, y mis futuros 20 años son inciertos. Me he equivocado y la mujer con la que duermo no es la “mujer con la que quisiera dormir”. Pero tal mujer, no existe. La había esperado, y aún la espero, bajo la figura romántica de alguna película, y bajo la lógica de la complementariedad. Ambas cuestiones que se resumirían en la metáfora de la “media naranja”. Lo que necesito es, saber que triunfaré. Lo que necesito saber también es, ¿qué es finalmente el triunfo? y ¿para qué lo quiero tener? Lo que necesito es ser feliz y libre. Encontrar el camino como hacerlo, y pavimentarlo durante los próximos veinte años. BoliviaBolivia

    1. Hola Rafael,

      Vamos por partes. Los futuros 20 años de todos son inciertos. Lo importante no es saber que triunfarás, porque eso dejaría al 99% de la humanidad que “no triunfa” sin motivación alguna para vivir. Lo importante es creer en lo que uno hace, y poner toda la pasión y la humanidad de que dispone en eso. Sobre el éxito, me permito recomendarte que leas el post El teletrabajo del Padre de Arturito y los títulos de las películas. Creo que la reflexión puede venirte bien.
      Te mando un saludo, y arriba el ánimo, que te percibo un tanto de capa caída 🙂

      Aprendiz de Brujo SpainSpain

    2. Creo que hemos sido engañados por las estrategias del mercado. El marketing se ha convertido en una ciencia, que ha estudiado nuestras tendencias individuales y colectivas para conseguir algo: vender. Nuestras referencias se han desplazado para potenciar el valor de lo que tenemos por encima del valor de lo que somos. No es algo nuevo, pero se ha convertido en sistemático. Perdemos una gran parte de nuestras energías en esfuerzos para tener lo necesario, que nunca es suficiente, para conseguir un sitio decente en nuestra sociedad. A eso lo llamamos triunfo.
      Pero la mayor parte de las cosas que nos permiten crecernos en lo que somos son gratuitas y accesibles, aunque también requieren nuestro esfuerzo. Ser honesto con nosotros mismos y con los demás, asumir la responsabilidad de nuestros actos, pedir disculpas, tener en mente el sufrimiento de otros y aspirar a algo mas que ser admirado por nuestro nuevo auto, no solo es gratuito sino también gratificante.
      Una de las cosas que me gusta de este blog, es que transmite el sentido y la belleza de las cosas sencillas y cotidianas. Que la grandeza de sentimientos como la lealtad a los amigos, la tolerancia hacia los que nos contradicen o el amor a nuestros hijos o padres es algo asequible a todos, que todos podemos ser espíritus superiores, o mas bien espíritus que se superan a sí mismos.
      Algo diferente es tener habilidades lingüísticas y literarias, ciertas cualidades innatas y mucho oficio. Pero, a veces, esas son virtudes muy convenientes cuando además, se tiene algo que decir.
      Me quedo Héctor Edgardo, con tus palabras “Decis lo que me hubiera gustado decir. Porque lo siento como vos lo decís”, porque son también las mías cuando leo otros textos y me reafirman en el hecho de que no poseo nada de lo que digo y que simplemente hay ideas que merecen ser amadas y compartidas. Lo curioso es que las palabras de mi anterior comentario pertenecen al último post del blog Camino a Gaia, y salen de boca de una mujer a las que las tuyas devuelven la vida.
      En nombre de Ana Lirola, muchas gracias y un fuerte abrazo. SpainSpain

    • Héctor Edgardo on 10 enero, 2010 at 15:09
    • Responder

    ¡Encontré tu blog, Camino a Gaia! ¡Y lo estoy visitando! ¡Felicitaciones! Mi cordial y cervecero abrazo desde Santa Fe, Argentina. ArgentinaArgentina

  4. parafraseando a serrat, yo hace mas de veinte años q deje los 20 años y aun habiendome quedado en argentina, leyendo tu nota, me senti impregnada de la nostalagia q mencionas… q no tiene q ver con irse o quedarse uno, sino con el irse de este guacho reloj q vuela las horas a un lugar misterioso y una mañana te despertaste y es otra vez tu cumpleaños y decis como se pueden acumular tantos numeros! y cuan sabias son todas las letras del tango, q oiamos pero en su momento no escuchabamos, y tanta razon y sabiduria destilaban… “si yo pudiera como ayer querer sin presentir”….besos

    victoria
    http://turismoenba.wordpress.com/ ArgentinaArgentina

    1. Gracias, Victoria. Me encanta que hayas traído a Serrat. Es una inspiración.
      Abrazo,
      Aprendiz de Brujo SpainSpain

  5. Es hermoso. Me gustan los recuerdos, incluso los que duelen. Mucho tiempo olvidé de donde venía, incluso que, quién, cómo era. He vivido poco más de dos décadas y ahora, más que nunca, siento el peso pluma de tan pocos años, Los recuerdos de las humillaciones y fracasos punzan en ese rinconcito amargo del estómago, las lágrimas de vez en cuando asoman sin deberla ni temerla.Y aun así, lucho por los recuerdos, por recobrarlos, por encontrar rostros que duelen, palabras que hieren y que no quiero olvidar. No me gusta echar sal en las heridas, pero… ¿que somos si no recuerdos? ¿De dónde venimos si no de recuerdos? m¿Qué haremos después, si no construir recuerdos? un pretérito perpetuo…… Me gustan los recuerdos,sí, sobretodo los que duelen. ¿Que gran blog me he encontrado por aquí! Volveré muy seguido…
    Saludos y abrazos, levanto la copa por un año más. MexicoMexico

    1. Gracias Maya!
      Choco mi copa con la tuya, por la primera mitad de la primera mitad de los próximos veinte años!

      Saludos,
      Aprendiz de Brujo SpainSpain

    • maximiliano taboada Oubiña on 17 enero, 2010 at 10:37
    • Responder

    Desde el principio hasta el final me he sentido kompletamente identifikado.
    kreo kel paso del tiempo es externo , en nuestro interior seguimos siendo akellos niños , juguetones, kuriosos ,aventureros e INOCENTES de siempre pero kon algo más de kamino rekorrido y mucho por rekorrer.
    Ke no se apague la llama y ke perdure la eterna inocencia. SpainSpain

    1. Me alegra que te identifique. Venimos del mismo sitio, compañero!

      Abrazo,
      Aprendiz de Brujo SpainSpain

    • Marta Alicia on 19 enero, 2010 at 0:18
    • Responder

    Definitivamente,me encanta tu manera de escribir…yo también hace muuuuucho que dejé los 20 años…pero me encanta recordarlos…y tu relato me ha traido una vez más infinidad de recuerdos…de amigos…de anécdotas…de ilusiones…gracias por decirlo con esa frescura y sencilléz que hace que nos sintamos identificados y a la vez cómplices.Un fuerte abrazo y espero que me sigas deleitando.Ahhhh!!!! ya soy de tu club de fans!!! SpainSpain

  6. Muchas gracias Marta!
    Saludos,
    Aprendiz de Brujo SpainSpain

    • LIDIA GARCIA ALONSO on 3 abril, 2010 at 22:22
    • Responder

    Te conocia como vecino de mi granja y acabo de descubrir que eres un gran escritor, tengo que decirte, como tu madre, que dices lo que a mi me gustaria decir si supiera, ya he pasado tres veces por esos veinte años y aun recuerdo que me parecia una bobada escuchar “que veinte años no es nada” cuando me estaba costando llegar a cumplir los veinte primeros, ahora con sesenta y seis, te puedo decir que es un soplo la vida realmente. Gracias por hacermelo ver tan bonito. SpainSpain

    1. Muchas gracias Lidia!

      Saludos,
      Aprendiz de Brujo SpainSpain

  1. Comentario…

    [..]Articulo Indexado Correctamente[..]… United StatesUnited States

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