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Mar 20 2010

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Lo verdaderamente absurdo es que exista la Sandía

Conducía desde Madrid a Barcelona, y como cuento entre mis numerosos defectos el ser fumador, pero entre mis escasas virtudes la de no fumar en el coche, me detuve en un área de descanso cualquiera, para alterar mi sistema nervioso con un poco de cafeína en botella y unas cuantas bocanadas de cáncer potencial. Una familia consumía de cualquier manera comestibles y agua sentados en un murito de piedra. Bajé del coche, botella de medio litro de Coca-Cola en mano, y encendí mi cigarro, mientras me ponía a caminar sin ton ni son por delante del coche, fumando y alternando traguitos cortos de mi botella contaminante. Por alguna razón absurda, me dio pudor observar comer a toda una familia, que fingía no notar mi presencia, así que centré mi atención en el suelo, intentando pensar acerca de algunas opciones tecnológicas sobre el proyecto en el que estoy trabajando actualmente. Pero no pude. Me distrajo un patrón caótico y gigantesco de colillas de cigarrillos muertas sobre la frontera final del pavimento, justo donde la tierra comienza a mostrar las huellas de su existencia. Las había a cientos, si no miles. Algunas, evidentemente recientes. Otras, oscurecidas por la intemperie, con el filtro herido por un pisotón infame, restos de carmín de labios, rastros invisibles de ADN humano, alguna que otra hebra de tabaco rubio escapado a través de un papel de arroz rasgado con infortunio.

Entonces pensé que cada una de esas colillas tenía una historia detrás. A lo largo de los últimos meses, una persona se detuvo a fumar allí por cada una de esas colillas. Una pareja que venía discutiendo en un coche se detuvo porque él estaba exasperado al volante. Ella se bajó, intentando no llorar, para no darle ese gusto, y fumó nerviosamente. Aplastó el cigarrillo por la mitad y volvió al coche, para seguir su camino, ofuscados ambos y en silencio. Una chica joven, que estudia en otra ciudad, regresa apresurada a casa porque su abuela está enferma. Se detiene, fuma, apura el cigarrillo hasta el filtro. Enciende otro, camina nerviosa, quizás llama a su madre, mientras el susurro del viento constante en su teléfono móvil impide la conversación, plagada de silencios y ruido de estática. Yo vuelvo de varios días en Madrid por trabajo, ansioso por reencontrarme con mi mujer y mis hijos, e intento no molestar a una familia entera que come bocadillos preparados a toda prisa, sentados sobre el murito de piedra. No soy capaz de imaginarlas todas, pero me impresiona la sensación de que detrás de cada uno de esos desechos se oculta una historia vital, una porción minúscula de la vida de una persona, un momento de relax, de dolor, de placer, de aburrimiento, de nostalgia, tal vez un par de lágrimas. Es probable que, evidentemente perjudicado por mi insana afición a la ciencia ficción, recrearme en la posibilidad casi esotérica de que cada uno de esos objetos relate su historia, solo para mí, sea una pérdida de tiempo. Pero me es imposible no pensarlo, y me es imposible no perseguir ese pensamiento hasta lugares más lejanos, hasta los comienzos de todo.

Entonces imagino ese mismo lugar, solamente ciento cincuenta años atrás, y me doy cuenta de que casi todo lo que veo tiene una historia que contar. Cada piedra, cada elemento del paisaje fue traído. Alguien lo puso allí. Ese alguien también tenía una historia vital, ese día estaba preocupado o feliz por algo. Ese elemento puesto allí por ese alguien, también proviene de alguna parte. La arena para mezclar el cemento que pisoteo proviene de una playa que ha visto personas amarse, jugar entre ellas y ahogarse sin remedio.

Encendí otro cigarrillo, porque pensaba conducir sin volver a detenerme durante las dos horas siguientes. Lo miré. Un cilindro casi perfecto, la línea del filtro delimitada claramente, las rayitas paralelas de su cuerpo blanco, trazadas en orden. De golpe, y sin aviso, me di cuenta de que sería incapaz de diferenciar una planta de tabaco de una de remolachas. Desconozco los datos históricos, pero seguramente alguien, alguna vez, después de intentar comerse la planta de tabaco y que resultase horrible, después de intentar hacerla té y que resultase espantosa, después de vaya uno a saber qué cantidad de cosas, se le ocurrió quemarla, y le gustó el aroma, y después se le ocurrió fumarla, y aunque tosió y le lloraron los ojos, le pareció que le sentaba bien despedir humo a voluntad por la nariz y la boca. No consigo imaginar el resto del proceso hasta la fabricación industrial de cigarrillos todos igualitos, pero casi cualquier cosa en la que pongamos nuestra atención es una auténtica maravilla con implicaciones enormes. Parece ser que nuestros abuelos, y los abuelos de nuestros abuelos, y sus abuelos, tenían una curiosidad proverbial por el mundo que los rodeaba. Vivían en un mundo en el que lo que podía ser tenía potencialmente mucho más peso que lo que realmente era. Estaba todo por probar. Se habrán muerto envenenados por hacer mermelada tóxica de bayas exóticas. Habrán sufrido accesos de vómito y diarrea a raíz de unos frutos verdes y oblongos, pero también molieron granos de café y generaron una cultura eterna, y cocinaron la carne, y pelaron las papas, y crudas eran incomibles. Las cocieron y descubrieron el puré.

Alguien, alguna vez, en alguna parte, encontró un Kiwi, y a pesar de lo feo que es lo partió en dos y lo probó. Alguien rompió un huevo por primera vez y se comió lo que había dentro. Otra vez, en otro lugar, una persona hizo queso, otra probó el membrillo y alguien decidió mezclar tomate con palta para hacer guacamole. Una vez, no sé donde, otro decidió moler el trigo, conseguir harina, mezclarle cosas y hacer pan.

Por alguna razón, estudiamos los nombres de las personas que sometieron pueblos, las que ganaron guerras, las que conquistaron continentes a fuerza de sangre ajena. Estudiamos también en qué momento la prepotencia humana repartió el continente africano dibujando fronteras con regla, y cómo la humanidad inventó la cárcel y las reglas arbitrarias que hoy llamamos leyes. No se nos escapa el momento solemne en que un iluminado mezcló tiras de colores para hacer la bandera nacional. También sabemos perfectamente quién inventó el teléfono y la radio, y cómo la Santa Madre Iglesia, de la mano de sus ejércitos mercenarios impuso el culto al Dios verdadero tras un baño de sangre multitudinario. Registramos cuidadosamente todas las matanzas en nombre de Dios de la historia de la humanidad, y anotamos las fechas de la muerte donde no se vayan a perder.

Y es nuestra propia soberbia la que nos ha impedido, a lo largo de los años, registrar las auténticas maravillas de la sensibilidad humana. ¿Por qué son más importantes diez mil asesinos matando de manera coordinada que un soñador que probó por primera vez el azúcar? ¿Por qué es un héroe Cristóbal Colón, que posibilitó uno de los holocaustos más grandes de la historia, seguido de siglos de robo organizado, y no lo es quien descubrió que las naranjas se pueden exprimir?

¿Y por qué nos dirigimos hacia un mundo en el que es más importante lo que ya está descubierto que lo que aún está por descubrir? Cuando estaba por terminar mi segundo cigarrillo, mientras la madre de la familia de al lado le limpiaba la boca a uno de sus chiquillos, pensé que estamos suprimiendo de nuestras vidas esa curiosidad que nos hace tan humanos. Nadie se pregunta, al encender un televisor, cómo es posible que utilicemos el aire para transportar imagen y sonido. Nadie valora la acumulación de conocimiento que hay detrás de un interruptor de la luz al encenderla. No pensamos, al abrir un grifo, que los abuelos de nuestros abuelos iban a buscar el agua a un pozo con un balde. Estamos entrando en la época en la que, finalmente, ya está todo inventado. Ya nadie se sorprende de lo nuevo, hemos olvidado el esfuerzo de imaginación que supuso inventar la rueda, construir la primera escalera, idear el ascensor, inventar el cuchillo, pelar una zanahoria. Y junto con la memoria estamos perdiendo la pulsión curiosa fundamental. La mayoría de nosotros no prueba en su vida cosas que no se venden en los supermercados, ni intenta resolver un problema práctico desconocido, ni se pregunta si las plantitas de abajo tendrán sabor. La mayoría de nosotros, a lo largo de su vida, solamente experimentará lo que ya está probado y aceptado por el conjunto.

Sumé mi segunda colilla al mapa de desechos que había al borde del camino, hice un gesto con la cabeza a la familia que terminaba su vianda, a modo de saludo, y me subí a mi coche, pensando en que lo verdaderamente absurdo no es que alguien, alguna vez, haya partido una sandía para ver lo que había dentro. Lo verdaderamente absurdo, lo increíblemente mágico de este mundo es que exista la sandía.

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Sobre el Autor

Federico Firpo Bodner

Federico Firpo Bodner, también conocido como Pilo, o Pilux, es, por definición y elección, Rioplatense de nacimiento. Nació en Montevideo, Uruguay, en marzo 1973. A finales de 1974 su familia se instaló en Buenos Aires, donde residió hasta mayo del año 2000, fecha de su traslado a Barcelona, en donde vive actualmente.
Más info en http://www.federicofirpobodner.com/bio/

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15 comentarios

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  1. cris...

    me encanto!!!!! como puedes poner en palabras lo que tantas veces he pensado y ademas poder sentirme tan bien con tu relato….
    besosssss SpainSpain

    1. Aprendiz de Brujo

      Gracias Cris!

      Créase o no, este tipo de cositas pequeñas son de las que más me obsesionan. Habrá más posts de este tipo en el futuro… 🙂

      Beso,
      Aprendiz de Brujo SpainSpain

  2. JORGEELSORDO

    Comparto el encantamiento de Cris… Además de saber leer el pensamiento lo que admiro en tí es la sencillez y claridad con que expresas cosas profundas… Gracias… ArgentinaArgentina

    1. Aprendiz de Brujo

      Gracias, Jorge.

      Me alegra que pueda llegar de manera sencilla. A veces pienso que el lenguaje mismo me enreda, sin darme cuenta. Lo que cuenta es que al final de un texto quede un concepto vivo, una idea, una sensación, un sentimiento, una emoción, alguna de esas cosas, pero transparente, clara. Si eso pasa, entonces el texto ha cumplido su razón de ser.

      Abrazo,
      Aprendiz de Brujo SpainSpain

  3. Roxana Bassi

    Bueno, parte de lo que comentas es algo que yo aun noto entre los habitantes del “viejo” mundo y el “nuevo”. Yo me casé con un romano y algo de lo que me di cuenta es que parte de su cultura innata es que ya todo esta hecho, de que miles de personas vivieron sobre el suelo que en el que él vive, que si las cosas no se hacen diferente por algo será (otros ya lo habrán intentado, no?), que no hay nada nuevo para inventar. El emprendedor no existe, el cambio es lento, la idea de que uno puede cambiarse a si mismo o a su entorno es casi nula… que pena no? GermanyGermany

  4. ROXANA

    Buenisimooo…. gracias por compartir este pensamiento tan sencillo y tan profundo, pero que aveces es tan dificil darce cuenta que que hay mucho por hacer y que todo tiene una historia…. verdaderamente me encanto…
    Besoss ArgentinaArgentina

  5. Camino a Gaia

    Uno no puede menos que reflexionar sobre ese pensamiento científico. Porque ninguno de esos avances cotidianos está en nuestra memoria genética, todo es cultura. Si la cultura se destruye, el mundo tal y como lo conocemos desaparece. Nuestra fuerza es a su vez fragilidad. La mayor debilidad es la prepotencia. Olvidar lo que debemos a innumerables gentes anónimas y recordar la gloria de los que han destruido culturas, puede ser un error de consecuencias impredecibles. SpainSpain

  6. daniela zadek

    Totalmente. Me encontre pensando de forma similar muchas veces….Ahora, como mi cerebro tiene una fuerte inclinación hacia lo visual y tangible (de ahi mi formación como diseñadora) se me ocurrió transformar esta percepcion en algo asi: a ver si me seguis…Una vez se lo explique a una amiga y me miro con cara de no saber de que estaba hablando…¿para qué queres hacer eso? No tuve respuesta. Anyway…
    Suponete que te paras en una esquina y sacar una foto de lo que vez.
    Despues delineás cada elemento (el buzon, las personas, el cordon de la vereda, los stickers sobre el poste de la luz, etc)
    Luego coloreas cada cosa en la foto segun las categorias a las que pertenecen. Y esta es la parte interesante…crear las categorias….Ej: objetos creados con pasion (por ej el sticker adolescente), objetos sin amor (algo feo), objetos creados por la mano del hombre, objetos creados por la naturaleza. Esto seria en el layer titulado “el origen de los objetos en la esquina de tal y tal calle”. El resultado en una especie de mapa…te acordas cuando eramos chicos y habia que colorear rompecabezas con numeros, cada numero un color, y asi te iba apareciendo una imagen? Podria haber un layer “objetos con inventor conocido y objetos con inventor anonimo”
    A medida que vas coloreando te vas planteando todas esas preguntas acerca del mundo en que vivimos. Hasta que toda la foto esta recoloreada suponete en amarillo y rojo. Y miras la realidad a travez de ese filtro. Como te dije soy muy visual y me parece interesante redibujar la realidad asi.
    Me pudiste seguir? Hoy es domingo de lluvia, mi hija mira una pelicula, mi marido prepara el almuerzo y puedo dedicarme a escribir estas cosas.
    un abrazo,
    dani BrazilBrazil

  7. Federico Firpo Bodner

    @daniela zadek que sorpresa! Una alegría leerte por aquí.
    Me encantó tu comentario, porque sinceramente es absolutamente empático con el texto. Claro que te sigo, y es una visión preciosa, se transparenta perfectamente sobre lo que pensaba al escribir el texto, y aporta un punto de vista nuevo, mucho más visual que el mío, que lo enriquece.
    Gracias por compartirlo.
    Un abrazo enorme,
    Pilo SpainSpain

  8. Irenia

    Alguien que sabe hacer grandes regalos me recomendó tu blog. Como también creo en la magia de las escobas, he decidido convertirme en aprendiz de un aprendiz de brujo. Gracias por compartir tus enseñanzas 🙂 SpainSpain

    1. Federico Firpo Bodner

      Es un gran regalo que lo consideres un gran regalo 🙂
      Gracias a tí por tus palabras.
      Un saludo,
      Aprendiz de Brujo SpainSpain

  9. queremosverde.com (@queremosverde)

    Lo verdaderamente absurdo es que exista la Sandía http://t.co/GkPyspUp vía @piluxfirpux ReservedReserved

  10. Marian Gonzalez via Facebook

    Chapó! ReservedReserved

  11. Reflexiones de un Aprendiz de Brujo via Facebook

    Gracias Marian! 🙂 ReservedReserved

  12. (@marta_si) (@marta_si)

    Lo verdaderamente absurdo es que exista la Sandía http://t.co/BmlDJgJn vía @piluxfirpux ReservedReserved

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