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Mar 27 2011

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El 38!

Un día, el veintisiete de marzo de mil novecientos setenta y tres, para quienes gusten de la exactitud en las referencias, decidí nacer. Y nací, nomás. O como se diría en algunos círculos no especialmente aficionados al correcto uso de la palabra, ni en su forma oral ni mucho menos en la escrita: agarré y nací. Expertos filólogos e historiadores del futuro, absténganse de realizar concienzudos análisis del texto para descubrir qué fue lo que agarré, porque no agarré nada. Lo que hice fue nacer, y lo de agarrar es una coloquialez que, a esta altura, considero que me puedo permitir.

Como decía, agarré y nací. Decidí nacer porque estaba aburrido de flotar en líquido amniótico – suponiendo que flotase y que ese líquido fuese realmente amniótico, palabra de la que me siento orgulloso de desconocer su origen y significado, aunque todos sabemos que es algo relativo a los embarazos y al líquido –, y pensaba que el mundo exterior ofrecería una alternativa mejor para un bebé dispuesto a comérselo. Al final resultó que nací pa ná, porque fui a dar a una cuna, rodeado de muñequitos y mirando el techo todo el día, para que de cuando en cuando apareciese algún adulto haciendo morisquetas y soltando palabras en tonos de voz melosos. Así que, aburrido del techo, agarré y crecí.

 

Y cuando crecí, me topé de frente con mis hermanos.

 

Mis hermanos, para quienes no lo sepan, son ésos con los que me peleé todo lo que pude y más, librando descarnadas guerras fraticidas por un botín tan exiguo como una lata de bolitas, un macaquito cualquiera o un par de patines. También son esos con los que lloré, hombro a hombro, la muerte de mis dos perras y de mis abuelos; esos con los que viajé una y otra vez en alíscafos destartalados, vomitando de a parejas, a vivir veranos inolvidables en las playas orientales – orientales del Uruguay, que a las orientales de oriente no las vimos ni en pintura –, y con los que disputé, centímetro cúbico a centímetro cúbico, una botella de Coca-Cola de litro (en vidrio, que la grosería del plástico todavía no estaba inventada), solamente algunos domingos especiales, cuando mis padres creían que sobraban dos vintenes y nos habíamos portado lo suficientemente bien como para permitir la entrada de la corrupción imperialista en nuestro santo – e intelectual de izquierda – hogar. Son esos enanos con los que compartí fantasías de papel pintado al descubrir los cómics, y los mismos con los que aprendí a pescar, a competir por cualquier cosa y a estar siempre disponible cuando el otro nos necesitaba.

 

Y agarré y crecí un poquito más.

 

Y otra vez, mis hermanos estaban ahí, cuando me hice adolescente y me compré un disfraz de Che Guevara y otro de Tanguero Mini, compuesto de tres sombreros en tonos gris, negro y marrón, y una buena media docena de chalecos de vestir. Cuando me esforzaba en tener voz de hombre y seguía teniendo voz de niño y no me salía barba. También estaban cuando me emborraché la primera vez y cuando me fumé los primeros porros, cuando tuve la primera novia, a la que, entre beso y beso, abandonaba para escaparme a ver El Zorro. También estaban ahí mis hermanos cuando reventó el Challenger, liquidando a una Solitaria Vaca Cubana, que vestida luego de pentagramas sería el emblema musical de mi adolescencia, durante la cual, por cierto, mis hermanos estaban ahí. Los que vivían en Argentina, todos los días. Los que vivían en Uruguay, como podían. Todos estaban ahí.

 

Entonces, agarré y volví a crecer.

 

Y sorprendentemente – anque previsiblemente -, mis hermanos seguían ahí. Me estaba transformando en un hombre. Me gustaba el vino blanco y las fiestas ruidosas. Mis hermanos estaban ahí cuando tuve mi primer trabajo fuera de la empresa familiar. Me vieron abandonar las camisetas estampadas a manos de un traje serio y camisas planchadas los domingos por la tarde. Me vieron dejar la boina negra ladeada sobre un estante de la biblioteca, y atarme el pelo en una coleta formal. Me vieron comprar mi primer coche – un Ford Taunus color Beige (caca clarito, para ser sincero) del año 1983 -, y estaban ahí cuando yo empecé a creerme grande, para burlarse de mí con cariño, y quererme todavía con más cariño, a pesar de mí mismo.

 

Y agarré y crecí otro poco más.

 

Me transformé en Jefe de Departamento, cosa que aún hoy, dieciocho años después, continúo sin saber qué significaba. Pero tenía un montón de responsabilidades, un montón de estrés y a pulso y regla me gané un montón de úlceras. Y sé que nadie sería capaz de adivinarlo, pero mis hermanos estaban ahí.

 

Entonces agarré y me cansé.

 

Me cansé de las fiestas ruidosas y de las responsabilidades y de mí mismo. Me cansé de la Argentina que tanto amo y que tanto amaba. Me cansé de las cenas de los martes y del cine de los miércoles. Me cansé del fútbol de los domingos, de la Plaza Dorrego, de los empedrados de Palermo, que entonces no era ni Hollywood ni Soho ni nada que se le parezca, sino un barrio arbolado de calles empedradas, de las que también me cansé. Hice un concilio secreto con mis amigos del alma y les confesé mi cansancio, y entonces decidí dejar el Río de la Plata para entregarme a la seducción milenaria de la vieja Europa, y una vez más, mis hermanos estaban ahí.

 

Y agarré y me fui, mientras crecía otro poco, para los costados y para el hemisferio norte.

 

Europa me recibió a tontas y a locas. Caminé Barcelona de arriba a abajo, vaciándome de lágrimas y de recuerdos que hoy, arrepentido, atesoro. Patrullé las noches del Raval, el Passeig de Gràcia y los trenes interminables decorados con graffiti. Conocí muchas personas, y aprendí a aferrarme a cualquier rastro de mi pasado sin entristecerme, a incorporarlas a mi vida y a dejarlas ir, también. Y por teléfono, por email, por señales de humo y mensajes cifrados en un cielo opuesto, mis hermanos estaban ahí, incansables, lejanos.

 

Y entonces agarré y me casé y tuve un hijo y después otro.

 

Los dos embarazos de mi mujer se quedaron en mi barriga. Las pieles tersas, los ojos enormes y asombrados y la respiración plácida de mis hijos se quedaron en mí, impregnados, mezclados con lo que había sido yo hasta entonces y con lo que jamás podría dejar de ser: su papá. Me mudé tres veces de ciudad, cambié de trabajos y estrujé a mis hijos a besos, aprovechando el poco tiempo que me queda antes de que empiecen a creer que soy un idiota, para volver a valorarme unos años después. Y mis hermanos, una vez más, estaban ahí, emborronándose, haciéndose difusos en la niebla de la distancia, pero intensos cada vez que nos veíamos. Estaban ahí, peleándose conmigo como cuando éramos niños, queriéndome con violencia, con espanto, con dulzura, con mar y aire de por medio, con hermandad de la buena.

 

Y entonces, de mis cinco hermanos, los dos que quedan en Argentina, agarraron y este verano vienen, familias al hombro, a visitarnos. Van a estar aquí. Vamos a recuperar el espíritu socarrón de las cenas de los martes. Vamos a querernos a gritos en medio del desorden y a alterar los horarios de las comidas y a decirnos las verdades que podamos, y perdonarnos las mentiras que no podamos. Vamos a gritar y a llorar y a reír, y por supuesto, a tocarnos las manos, a mirarnos a los ojos, a sabernos cerca.

 

Lo importante es que hoy, porque me da la gana, agarro y cumplo treinta y ocho años, y sé que mi mujer va a estar ahí, mis hijos van a estar ahí, mis padres van a estar ahí, y mis hermanos, cómo no, van a estar ahí.

 

Y yo voy a estar acá, tranquilo, esperando para abrazarlos a todos.

 

 

Sobre el Autor

Federico Firpo Bodner

Federico Firpo Bodner, también conocido como Pilo, o Pilux, es, por definición y elección, Rioplatense de nacimiento. Nació en Montevideo, Uruguay, en marzo 1973. A finales de 1974 su familia se instaló en Buenos Aires, donde residió hasta mayo del año 2000, fecha de su traslado a Barcelona, en donde vive actualmente.
Más info en http://www.federicofirpobodner.com/bio/

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7 comentarios

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  1. Natalia

    Será que yo me muevo en otros ámbitos…. pero a mí me suena muy bien eso de “agarré y… lo que le echen” (nací, crecí, me cansé, me casé,……) porque para asirse con algo, hay que tener impulso, motivación, tesón, …. Y todo esto cuesta reunirlo muchas veces cuando las cosas parecen no ir tan bien y se necesita un cambio. Pienso en los matorrales, que para arrancar las malas hierbas se agarra un manojo y se tira… no se van sacando de a yuyito… Eso es agarrar y arrancar… pa’fuera! De una y con decisión!
    Lo de los hermanos… es una maravilla! Nosotras nunca nos peleamos demasiado o al menos ninguna de las dos tenemos esa sensación… pero compartimos muchísimo y lo seguimos haciendo. Quizás por eso yo tenía clarímo que quería tener, por lo menos, dos hijos, para que pudieran compartir esa mirada cómplice, ese estado de cosas familiares único e incomparable a ninguna otra familia. Los hermanos son compañeros de vida que no se eligen y se disfrutan con locura….creo que cuando los padres tienen claro que hay amor para todos, que no existen hijos iguales y que cada uno es tan especial como el otro…. pero cuando centras la atención en uno, te parece el más maravilloso y cuando mirás al otro, sentís que es el más maravilloso también.

    Me encanta saber que en verano se arma la gorda Firpo… que las risas y los besos ruidosos inunden la zona!
    Besos a todos……. SpainSpain

  2. reina cecilio

    me suena tan lejano y a la vez tan familiar lo que decís Pilu, que te confieso que mis ojos están llenos de lágrimas después de leerte, es que lo que decís se hace carne, al menos en mi familia,Que dsfrutes de este día con tus hermanos , con tus padres , y con tu esposa e hijos a los que creo conocer a través tuyo!! UruguayUruguay

  3. Lola

    Agarré y me emocioné (como siempre) Feliz cumple otra vez!!! Besos!!! MexicoMexico

  4. Dalia

    Ayer en tu cumple no me sentí con fuerzas para escribir acá, pero te felicité en twitter y leí tu post. Es bueno saber que desde el 27 de marzo de 1973 andas por el mundo agarrando y creciendo, agarrando palabras para regalarlas, agarrando emociones para conmovernos, con esa capacidad tan tuya de hacer llover en los ojos de los que te leemos. Hablando como vosotros te digo: seguí creciendo, seguí agarrando. VenezuelaVenezuela

  5. amaia alberdi

    Felices 38, disfrútalos ! Vívelos ahora porque no van a volver. Parece que has acertado con los agarres y me alegro por tí. Me alegro de que hayas logrado esos apoyos que pasan a formar parte de tus raíces y hacen que puedas mantenerte en pié. Solo me atrevo a aconsejarte que los riegues y los abones para que siempre estén en flor y alegren tu vida. Abrazo. SpainSpain

  6. Yolanda

    Hay veces que mis hijos reniegan de sus hermanos…¿para qué carajo sirve un hermano? pues para todo esto que cuentas, que vives… y más…. SpainSpain

  7. Federico Firpo (@piluxfirpux) (@piluxfirpux) (@piluxfirpux)

    Post antiguo al azar: El 38! – Un día, el veintisiete de marzo de mil novecientos setenta y tres, para quienes… http://t.co/Rizf9v4D ReservedReserved

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