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Jul 20 2011

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La amistad y el mate

El mate (llex paraguayensis), para quienes aún no lo sepan, es un caldo infame, amargo y asqueroso, que se toma en Argentina, Uruguay, Paraguay, Chile y algunos países más. Consiste, técnicamente, en una especie de calabaza a la que se deja secar, se le practica un agujero en la parte superior, se cura por dentro con malas artes de hechicería casera, y, una vez lista, se rellena con un pasto espantoso llamado yerba mate, se le clava una bombilla, que viene a ser como una pajita, pero de metal, y se le echa agua caliente – casi hirviendo, pero no hirviendo -, para sorber luego por la bombilla y escurrir el líquido, pudiendo así repetir la operación muchas veces con la misma yerba.

Su sabor no es más agradable que su aspecto. Personalmente, un sorbo pequeño me produce arcadas instantáneas, y una enorme necesidad de vomitar. Se bebe en grupos, pasando el mate de mano en mano, todos de la misma bombilla, que, además de ser depositaria de los restos biológicos de todos los participantes de la rueda, quema los labios, produciendo una sensación sumamente desagradable. Es diurético, y favorece el tracto intestinal, por decirlo de manera fina. Vamos, que es un milagro que, cuando hay mate, no se peleen todos a golpes de puño por ir primeros al baño.

En Argentina y Uruguay, sobre todo, el mate es mucho más que una infusión para beber en grupo. Es una seña de identidad. Todo el mundo toma mate. Lo toman por las calles, en casa, en la oficina, en la vida privada y en la pública. Es normal, a nadie le llama la atención ver a una persona rellenando una calabaza con un termo de agua caliente a intervalos regulares, para aspirar después por un tubo de metal, produciendo un sonido gorgoriteante, grosero y vulgar. Los Uruguayos, incluso, mucho más aficionados al mate en la vía pública que los Argentinos, han desarrollado la sorprendente habilidad de llevar el mate en la mano izquierda, y simultáneamente sostener el termo entre el bíceps y la musculatura pectoral, con el mismo brazo, de tal manera que la mano derecha queda libre para realizar operaciones mundanas, y el grupo motor del lado izquierdo superior se encarga de suministrar mate regular y precisamente, al ritmo necesario para el organismo.

 

¿Uruguayo y no tomás mate?

 

Desde mi más temprana adolescencia, escuché esa pregunta unas catorce millones de veces. Mi disgusto por el mate fue una cruz escarlata en el pecho. Me transformó en la deshonra de mi tierra oriental, y me obligó a dar explicaciones reiteradas sobre el mismo tema: “Es que no tomo infusiones, a menos que sean de grano molido.” Es decir, café.

Ser Uruguayo y no tomar mate es como ser Mexicano y no tomar tequila, o ser Valenciano y que no te guste la paella, o ser Chino y… lo que sea que hagan la gran mayoría de los Chinos. Es una traición a la patria, es la negación más vil de los orígenes, y motivo de condena moral por parte de la población civil. Una vez, hasta me quisieron entrevistar de un conocido matutino. “Uruguayo que no toma mate vive escondido en pleno centro de Buenos Aires.” Por supuesto, me negué, alegando el deseo de permanecer en el anonimato, y solamente confesar mi deficiencia congénita a mis amigos más íntimos.

 

Contra lo que muchas de las personas que me conocen piensan, no tomar mate no me privó de conocerlo, de aprender sus secretos y sus rituales, de saber que los Uruguayos lo toman sin palo y los Argentinos lo toman con palo, mientras, a gritos, se acusan unos a otros de hacerlo mal; de estar presente en las rondas interminables de mates giratorios, ayudándolo a circular, pasándolo entre manos cercanas, entre personas agrupadas con razón o sin ella, alrededor de un fuego o de una mesa, siempre, siempre, entre amigos.

Y es que el mate, además de ser un jugo horrible, cumple una función social única. El mate se toma en grupo, mano a mano, boca a boca, con miradas a los ojos. El mate se comparte, sí o sí. Se hace una rueda, y el cebador, que no es otro que el encargado de meterle el agua, ceba un mate y lo pasa a la persona a la que le toca, de mano en mano. Esa persona se toma el mate, y entonces la bendita calabaza hace el camino inverso, para que el cebador vuelva a llenarla y le toque el turno al siguiente, y así hasta que se acabe el agua o el cuerpo aguante. Mientras tanto, se charla en ronda. El mate rueda de mano en mano, y nadie lo agradece. Pero no por mala educación, sino porque estar sentado en una rueda de mate, aunque, como yo, no tomes, significa ser aceptado por el grupo, quiere decir que estás entre amigos, que las personas en esa rueda aceptan, tácitamente, poner sus labios donde pusiste los tuyos. Estar en una rueda de mate, entre otras cosas, significa que esas personas te quieren y aceptan, sin necesidad de decirlo en voz alta.

Y cuando una de las personas de la rueda no quiere más, al aceptar el último mate, al devolver la calabaza a la rueda, entonces dice, por primera vez desde que comenzó el ritual, “gracias”. Eso significa que en la rueda siguiente ya no beberá. El cebador lo registra, y sin decirle nada, comienza a saltearlo en las ruedas siguientes. Pero lo que se agradece no es el mate, porque el mate es eso que se da entre amigos, y que no necesita agradecimiento, ni genera deudas. El mate es amor del más simple, el amor de sentarse unos junto a otros y compartir una intimidad de acero y agua caliente, de yerba, manos, ojos y bocas. Se dice gracias, simplemente para que los demás sepan que son tus amigos, aunque no haga falta.

A mí no me gusta el mate, pero adoro todo lo relacionado con su ritual, con su magia indígena, con su hermandad instantánea y fugaz, con la invitación a ser parte de algo especial que siempre trae.

Otra de las versiones del mate es entre dos, cuando encontrados en la calle por casualidad, o haciendo planes por teléfono, uno le dice al otro: “¿Te venís a casa a tomar unos mates?”. Mis amigos más cercanos, que saben perfectamente que no me gusta el mate, me han invitado miles de veces, y lo siguen haciendo. Y yo, cuando aún vivía en Buenos Aires, lo hacía también. Lo hacíamos porque esa frase, “¿Te venís a casa a tomar unos mates?”, significa en realidad otra cosa, y debe leerse de otra manera. Cuando alguien te invita a su casa a tomar unos mates, lo que en realidad está diciendo es que quiere celebrar la amistad, la letra subyacente es: “No hace falta ninguna razón especial para que vengas a mi casa, ni necesitamos que haya asuntos que tratar, ni inventar ninguna excusa para vernos”. Invitar a alguien a pasarse por casa a tomar unos mates es, definitivamente, reconocer en voz alta la seriedad de una amistad, es certificar, sin necesidad de decirlo, el amor que une a dos personas, las ganas de verse porque sí, nomás, porque se disfrutan el uno al otro.

Por eso hoy, que en Argentina es el día del amigo, estando tan lejos, me levanté a las siete de la mañana necesitado de mate. Metí en mi pantalla mi yerba personal de palabras, acentos, puntos y comas, y con el agua destilada de mi nostalgia profunda, cebé este mate pequeñito, lavado y mal hecho, pero cebado con todo el amor del que soy capaz, para meterlo en una ronda enorme que de la vuelta al mundo, y hacerlo circular entre mis amigos, que están lejos, y entre todos los que quieran sumarse a la ronda, cerca, lejos o aún más lejos, con las manos, con los ojos, con los labios.

            Gracias.

 

Sobre el Autor

Federico Firpo Bodner

Federico Firpo Bodner, también conocido como Pilo, o Pilux, es, por definición y elección, Rioplatense de nacimiento. Nació en Montevideo, Uruguay, en marzo 1973. A finales de 1974 su familia se instaló en Buenos Aires, donde residió hasta mayo del año 2000, fecha de su traslado a Barcelona, en donde vive actualmente.
Más info en http://www.federicofirpobodner.com/bio/

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23 comentarios

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  1. Lucía Fernández

    Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaains, me encanta. Yo le tengo bastante aversión al mate también. Pero cuando nos juntábamos a estudiar con los de la facultad, en Rosario, mientras estudiaba biotecnología, el mate no podía faltar.
    Me encantó tu mate. Pasame uno.

    Besos. SpainSpain

    1. Federico Firpo Bodner

      Adelante, Lucía, pasá, sentate y tomate unos mates. Ponete cómoda, que estás entre amigos.

      Un beso,
      F. SpainSpain

  2. ainhop

    ¡Qué bonita entrada!
    Y feliz día del amigo, que aunque les tengas lejos de sobra se entiende que les llevas cerca.

    Curioso lo que cuentas del mate, porque yo tengo un gran recuerdo de la primera vez que lo probé allá. Estaba en Argentina de vacaciones con una gran amiga, fui durante un mes y coincidió con las revueltas campesinas (‘Aguante el campo!’, decían). Uno de los días, con todos los vuelos copados y las carreteras cortadas a la altura de San Luis, teníamos que ir de Mendoza al Perito y decidimos ir en autobús. Una locura pero terminó siendo una experiencia maravillosa.

    El autobús estaba lleno de gente que hacía casi el mismo camino, había que conectar con otro bus en Río Gallegos y hasta ahí iban muchos. Los de la compañía tuvieron el aciero de ubicarnos en la parte trasera del bus a los trabajadores que hacían el regreso a casa y a las ‘locas gallegas’ que viajaban en bus (mi amiga era francesa, pero les daba igual). Fue algo maravilloso, porque a mitad del camino uno de ellos comenzó a explicarme por qué se tomaba, qué era para él, porque tenía grifo de agua caliente el autobús, y que tenía que tomarlo. Ahí en el grupito eran del norte y del sur de Argentina y al final cada uno lo tomaba de una manera distinta. Uno con mucho azúcar y otro con nada, pero todos con el mismo amor.

    Y en un momento decidieron que ya nos conocíamos bastante para que yo participase del ritual. Fue bonito, porque ellos me contaban lo suyo y yo lo de ellos, y tras tantas horas nos conocíamos ya de siempre. Uno de ellos viajaba con su mujer y su hija recién nacida a conocer a su madre biológica, que le había conseguido un trabajo para que nunca más tuviesen que estar alejados. Otro regresaba con todo el dinero ahorrado durante seis meses para ver a su familia, a la que había visto apenas dos veces desde entonces. Los que tenían el mate eran uno joven y otro viejo (ya rondaría los 65, recuerdo) pero sólo por aquello ya tenían algo que ver. Y que me decían constantemente que no podía decir gracias en cada ocasión, porque ellos querían que repitiese y tomase más y más durante el viaje. Muy divertido también (al final me costó, pero sólo lo dije cuando de verdad ya no podía tomar más)

    Y fíjate todo lo que hace que pasó aquello ( y he viajado, por suerte, a otras partes también), pero cada vez que hago un viaje largo (nunca habrá uno como aquel en cuanto a horas) me acuerdo de ellos y de su mate, y de lo que compartimos.

    Disculpa la longitud del comentario!! SpainSpain

    1. Federico Firpo Bodner

      Hola Ainhoa,

      Me ha encantado la historia, y viene muy a cuento de la entrada de hoy! Muchas gracias por compartirla, y me hace feliz saber que te has traído un recuerdo tan bonito de mi país.

      Te mando un abrazo, y feliz día para tí también.
      F. SpainSpain

  3. norma

    e leido tu comentario sobre el mate y es verdad ese ritual tiene magia soy paraguaya y en mi pais tambien se toma mate y terere es fresco pero tambien es compartir entre amigos contar chistes y hablar mucho ahi veces de nada..un saludo me gusto el tema del mate.aqui en españa no dejo de tomar mi mate y mi terere no renuncio a ella.un saludo SpainSpain

    1. Federico Firpo Bodner

      Es cierto, en Paraguay se llama tereré, aunque si no me equivoco, es cuando es frío, verdad?
      Gracias Norma!
      Saludos,
      F. SpainSpain

      1. norma

        si se toma para refrescarse en el verano con remedios refrescantes cedron menta y muchas plantas se echa hielo muy bueno a dios gracias aqui en españa venden yerba mate y compro te de menta.un saludo SpainSpain

  4. Marcela

    Vaya y ahora que hago con mis ganas de mate en rueda??
    Esto de estar solo hace aburrido hasta matear , por mas que me empeño con mis vecinos , no logro que pasen de las primeras arcadas.
    Gracias che y , a las distancia , feliz dia del amigo!!
    beso SpainSpain

    1. Federico Firpo Bodner

      A vos, Marcela, por estar siempre por aquí, leyendo y compartiendo tu opinión.
      Feliz día del amigo también, y no desesperes, ya engancharás un compañero de mate 🙂
      Beso,
      F. SpainSpain

  5. Mary

    Tengo a mi amiga del alma muy lejos y tu entrada me conmovió mucho. Feliz día amigo!!! Riquísimo tu mate. ArgentinaArgentina

    1. Federico Firpo Bodner

      Hola Mary,

      Me alegra que te haya gustado. Bienvenida. Pasá, ponete cómoda y servite un mate 🙂

      Feliz día,
      F. SpainSpain

  6. Natalia

    Precioso mate! De nacimiento alemana. De papeles españoles. De raíces eslavas y argentinas y etc. etc…. Soy uruguaya matera! Y reviví este mate con espumita en la rambla de Pocitos, en el murito de Trouville, justo enfrente a 21 y la rambla…. tantas tardes con amigas, viéndonos a todas horas y volviéndonos a ver y a contar mil historias, dudas, risas y llantos, siempre con el mate. ¿lo llevás vos o yo? nos preguntábamos por teléfono……”ta! vos el mate y yo el termo”…. conociendo las ventajas y desventajas de cada mate de cada casa… como a los amigos mismos…. “lo mejor de cada casa”.
    Precioso compartirte en esta ronda… SpainSpain

    1. Federico Firpo Bodner

      Gracias Nati!

      Me encanta compartir un mate contigo. No puedo negarlo, es especial 🙂

      Un beso,
      F. SpainSpain

  7. Marianna

    Hola, y permiso, me meto en la ronda y doy me comentario!
    Soy una de las que le preguntaba a Nati – quién lleva el mate hoy? Muy lindo el texto! Casi no lo leo, porque el comienzo me pareció muy negativo, pero por el mate le di una oportunidad y valió la pena. Realmente la esencia de lo que es el mate esta descrita aca. Yo le agregaría algo más: el mate como compañía cuándo uno toma solo, por ejemplo para estudiar o trabajar. Y el hecho de que no te podés tomar un mate si estás apurado. El mate lleva su tiempo, para prepararlo y para tomarlo, eso me parece mágico en sí, en estos días de estrés donde todo tiene que ser rápido y eficaz.
    Saludos desde Suecia! SwedenSweden

    1. Federico Firpo Bodner

      Pasá, Marianna, sentate a la ronda y mucho gusto!
      Tenés razón con tu aporte. La preparación es una parte importante del ritual, pero al no ser tomador de mate, es la que menos conozco, y en este texto quería hablar de su costado más relacionado con la amistad, compartir y acercar personas, pero nunca es suficiente cuando se habla de mate, habrá más ocasiones.

      Gracias por compartir tus ideas.
      Un saludo,
      Federico SpainSpain

      1. Marianna

        Fue un gusto, saludos! SwedenSweden

  8. Jorge Mestre

    Como siempre, tu narración buenisima!… a mi no me produce rechazo, pero siempre he recomendado la función social que tiene…
    muchas gracias! United KingdomUnited Kingdom

    1. Federico Firpo Bodner

      A vos, Jorge, por leer y compartir tu opinión 🙂

      Abrazo enorme,
      F. SpainSpain

  9. Ruben

    Buenisimo federico ! ! – Che,…y,…a ver cuando pasás por casa a tomar unos mates…. ArgentinaArgentina

    1. Federico Firpo Bodner

      Cuando quieras, avisá y llevo bizcochitos de grasa o grasidul 🙂

      Abrazo,
      F. SpainSpain

  10. Cristina

    El mate es de los Argentinos!!!! ArgentinaArgentina

    1. Federico Firpo Bodner

      Hola Cristina,

      Lamento disentir. Si bien entiendo el sentimiento, me parece que el mate, por definición, es de todos los que se acerquen a compartirlo 🙂

      Saludos,
      F. SpainSpain

  11. Eli

    Yo tampoco tomo mate y como vos, tengo a los amigos (no todos, afortunadamente) lejos. Pero me siento en la ronda, cebate unos amargos y sigamos compartiendo.
    Un abrazo! SpainSpain

  1. Fin de año en Mordor (II) | Federico Firpo Bodner

    […] dispuestos a todo en nombre de lo que fuimos, preparados para todo en nombre de lo que podemos ser, una Argentina en la que el mate todavía circula de mano en mano en una ronda interminable, y en esa ronda hay también amigos nuevos, que están dispuestos a todo, que abren el corazón y […] United StatesUnited States

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